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Reseñas

La parte inventada

Rodrigo Fresán (Buenos Aires, 1963) ■ Random House (2014) ■ 576 páginas ■ 72 soles


Novela. La más reciente entrega de Fresán es muchas cosas a la vez –lo que dificulta cualquier intento de «asirla» a través de una trama que se pueda contar fácilmente– pero, sobre todo, o más bien ante todo, es un viaje a la mente de un escritor. Hasta aquí, aunque no parezca, tenemos ya algunos elementos para nuestro acercamiento. Rodrigo Fresán ha sido siempre, por voluntad propia, un escritor difícil de empaquetar, de encasillar, que no entrega libros con argumentos lineales ni convencionales que narren una sola sucesión de hechos ni marquen claramente la partida y la llegada de la historia. En todas sus novelas encontramos escritores como personajes, si no como los mismos protagonistas; y en esta oportunidad, además, intenta responder la gran pregunta: por qué uno escribe lo que escribe. Aquí, en un viaje interior en espiral, un autor con muchos rasgos del Fresán real al que conoceremos como el Escritor nos cuenta, sea con su propia voz o como un médium a través de una galería de personajes-satélite-desdoblamientos, en primera o tercera persona, mezclando ensayos, reflexiones, digresiones y abundantes historias de apariencia paralela (la delirante aventura de La Hermana del Escritor es en sí misma una novela dentro de la novela), su propia evolución, desde que fuera el Niño, hasta un presente en que, aparentemente, se ha quedado sin nada que relatar, fundiéndose en el vacío y el silencio. Para responder por qué escribe, por qué ha tenido esa pulsión desde pequeño, el narrador se vuelve incontenible, verborreico, alucinado, con ganas que son a la vez vida y enfermedad de pensarlo todo, recordarlo y contarlo todo, de dejarlo todo escrito, incluidos homenajes sentidos (Scott Fitzgerald, Emily Brontë, Pink Floyd, el Stanley Kubrick de 2001, entre otras muchísimas referencias), todas remezcladas y sampleadas a la Fresán. Y, recorriendo y estructurando el relato, la figura intrigante y motivadora de un viajero de juguete, una figurita vintage (re)cargada de simbolismos. Para algunos resultará desbordada y excesiva, y claramente no es un texto para lectores sin aguante o poco preparados para un electroshock de información. Para otros, como yo, es un libro magnífico. Fresán ha escrito su obra más ambiciosa, compleja, «total» dentro de sus propios criterios. Por Conrado Chang


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