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Reseñas

Pasado fantasma

La hierba de las noches ■ Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt, 1945) ■ Anagrama (2014)


Novela. En casi cada página de La hierba de las noches parece haber una referencia a algo que se ha perdido para siempre. El protagonista, Jean, intenta reconstruir una etapa de su juventud a través de una serie de anotaciones y fragmentos que hizo en una libreta negra años atrás, durante los sesenta. El lector queda sumergido de inmediato en esa búsqueda del pasado, porque el protagonista lo aborda como si se tratara de una obsesión, un intento de que el tiempo no le arrebate a la memoria todas aquellas cosas que «le pertenecieron»: nombres de calles, frases que escuchó de sus conocidos, sucesos cotidianos que significaron mucho alguna vez y que se hubiesen desvanecido de no haberse registrado. Y dentro de esta reminiscencia que es por momentos casi onírica y por momentos desgarradoramente real, emergen los misteriosos personajes del Unic Hôtel, seres construidos a partir de retazos, descripciones vagas, pequeñas frases anotadas al margen de una página. Pero sobre todo, aparece Dannie, un recuerdo demasiado importante en la vida del protagonista como para ser relegado al burdo acto de la nostalgia.

Sin embargo, esta no es solo una historia acerca del pasado. En el engranaje de la novela funciona una especie de misterio, casi como en una novela policial: Dannie no es la persona que dice ser, y la relación que tiene ella con esos personajes del Unic Hôtel no es tampoco tan superficial ni inocente como parece en un inicio. ¿Qué hacer cuando las claves de un enigma que nos marcó profundamente están guardadas bajo llave durante tanto tiempo que ni siquiera tenemos la certeza de que alguna vez ocurrió?
Modiano plantea una novela con una estructura tan extraordinaria como desconcertante: las escenas del pasado y el presente se superponen constantemente, pues para el autor la linealidad no resulta suficiente para expresar el contenido de una vida. Pero a la vez, como en obras anteriores, construye una geografía imposible, un París lleno de fantasmas y memorias, como si la ciudad tuviese la capacidad de soñar y recrearse a través de los recuerdos vividos por las personas que la ocupan: el café que antaño estuvo allí y hoy es un edificio, un evento trascendental en la vida de alguien que se asocia para siempre con el portal de una casa o un cartel en una calle, un lugar que transitábamos constantemente y que de repente nos resulta ajeno…

El relato se cimienta, sin lugar a dudas, en el pasado. Pero no se trata del pasado que queda para siempre grabado en nuestra memoria, no se trata de aquellas cosas que jamás olvidaremos porque fueron demasiado importantes. Modiano prefiere situarnos en el ayer fantasmagórico, ese lugar difuso e incierto, lleno de rostros anónimos y voces olvidadas que alguna vez fueron parte de nuestra vida y ahora apenas recordamos. Y aborda ese tiempo de manera íntima y cuidadosa, como si temiera las consecuencias de la acción de escribir, de que la ficción se mezcle con la memoria y termine por aplastarla.

«El tiempo queda anulado y todo vuelve a empezar», escribe el protagonista en un momento de la novela. Y casi de inmediato agrega: «He necesitado casi una vida entera para volver al punto de partida». Como diciéndonos que algunas cosas, quizás las más especiales, solo pueden ser recordadas (plenamente recordadas) cuando estamos listos para volverlas a vivir. Por Daniel Zúñiga-Rivera


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