Puerto_Supe_Varela_(Fangacio)
Reseñas

Puerto Supe

Blanca Varela (Lima, 1926-2009) ■ Casa de Cuervos (2014) ■ 48 páginas ■ 89 soles


Poesía. La historia es conocida: en 1959, Blanca Varela le muestra a Octavio Paz el manuscrito del que sería su primer poemario, con el título provisional de Puerto Supe. Como el mexicano insistía en que ese no era el mejor nombre para su libro, Blanca le dijo: «Pero ese puerto existe», a lo que Paz respondió: «Bueno, allí tienes el título». Cincuenta y cinco años después, esta reedición parcial de Ese puerto existe recupera su título original. Pero no es solo eso, sino mucho más.

De nuestra poeta mayor, de su trabajo y de esta obra en particular se ha dicho y escrito de sobra. Su relevancia dentro del panorama poético peruano y latinoamericano ha ido acrecentándose en la medida en que se valora su búsqueda de una voz dolorosa y auténtica, que muchas veces rastrea, en las trivialidades y en la relación cotidiana del ser humano con las cosas, una forma de expresión impresionantemente original, radicalmente distinta a cualquier tradición de su tiempo y que, hasta hoy, luce fresca y sublime. Incluso como identidad femenina, Varela es seminal y contundente. Pero hasta esa particularidad del género la trasciende.

Esta hermosa edición facsimilar de Puerto Supe nos devuelve al mundo de Varela con su particular nexo con la naturaleza y sus elementos, la presencia reiterada de animales, las escenas de infancia a media luz, entre otras marcas reconocibles. Pero lo que en la descripción podría sonar a una simple preferencia por un entorno cercano y apacible, en realidad fustiga con raptos perturbadoramente grotescos, oscuros y crueles. Lo de Varela puede llegar a ser bello, sí, pero lo suyo no es la misericordia. «He aquí el tiempo de los asesinos», dice el epígrafe tomado de las Iluminaciones de Rimbaud.

No pueden dejar de mencionarse sus atributos como libro-objeto, que recupera las páginas tipeadas a máquina de escribir por Varela. Aunque obviamente no recoge todo el proceso de revisión, se incluyen varias anotaciones hechas a mano, que registran las minuciosas correcciones: la importancia de la disposición de los versos, la búsqueda obsesiva del ritmo, la anulación de muchos plurales (y, por ende, de las terminaciones en letra ese), y sobre todo la tendencia a quitar más que a agregar, lo que deja en claro ese afán por la pureza y la transparencia que hicieron de su lírica una de las más perfectas del siglo XX. Por Conrado Chang


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