Petersburgo_Biely_(Fangacio)
Reseñas

Profética y seminal

Petersburgo ■ Andréi Biely (Moscú, 1880 – 1934) ■ Akal (2009) ■ 718 páginas ■ 93 soles


Novela. Para llegar a un gran escritor, necesitamos de otro gran escritor. Pues bien, resulta curioso que hayamos llegado al ruso Andréi Biely, seudónimo de Boris Bugayev, gracias a un escritor no muy generoso a la hora de destacar las cualidades literarias de los demás. Fue en 1975, en el legendario programa de televisión francés Apostrophes, conducido por Bernard Pivot, en donde Vladimir Nabokov cita sus obras preferidas en prosa del siglo XX. «Mis obras maestras más grandes de la prosa del siglo XX son, en este orden: Ulises de Joyce, La metamorfosis de Kafka, Petersburgo de Biely y la primera parte del cuento de hadas de Proust, En busca del tiempo perdido». Los presentes en el plató reconocían todos los libros, menos uno: la novela Petersburgo. A partir de entonces empezó un largo y sinuoso camino para rescatarla. A la fecha, esta se ha erigido como uno de los monumentos más iluminadores sobre los alcances de la novela como género, capaz de disponer de absoluta libertad tanto en forma y en contenido.

Para apreciarla hay que tener presente la conocida sentencia de José Lezama Lima: «Solo lo difícil es estimulante». La presente novela no fue escrita pensando en el lector medio y se publicó por entregas en la revista Sirín entre 1913 y 1914, y en formato de libro en 1916. El lector tiene que poner su cuota de voluntad, esforzarse en su concentración, aislarse, hacerse el enfermo para quedarse en casa y no ir a trabajar, distraer a la pareja con mentiras bien argumentadas. Al final de la jornada, las horas invertidas en Petersburgo habrán valido la pena, sumarán en nuestra vida. La experiencia de esta lectura es equiparable a la de Ulises de Joyce, El arcoíris de la gravedad de Pynchon, Paradiso de Lezama Lima, Las ventanas cegadas de Alexandre Vona, La excavación de Platónov y El sonido y la furia de Faulkner.

Como toda gran novela, esta es una de personajes. Por un lado, tenemos al senador Apolón Apolónovich Ableújov y a su hijo Nikolai Apolónovich; pero ellos no son más que simples marionetas y sus intenciones, como la del hijo que intentará atentar contra la vida del padre en un acto terrorista, simples pretextos que dan paso a los protagonistas medulares: el complejo registro narrativo y la ciudad de Petersburgo. Biely se adelantó a los híbridos y a los registros superpuestos que imperan como novedad en la novelística de hoy. Pensó su escritura como la sublime confluencia de todos los discursos de ficción posibles. Lo que parecía imposible o no aceptado por los celadores literarios de entonces, lo llevó adelante recreándonos el turbulento año de 1905, caracterizado por la inestabilidad política, social y una inminente consecuencia militar. El descontento cunde en las calles de Petersburgo y los vientos de cambios radicales son más que inminentes. Pareciera que estamos ante una novela política y social, pero no; el autor nos lleva más allá de un retrato de época y nos sumerge en un torbellino de registros textuales que, pese a la complejidad de su andamiaje, fluyen, y fluyen por cuenta de la oscura e irónica musicalidad de su aliento poético disfrazado de prosa. No es gratuito que Biely haya sido también un destacado poeta simbolista.

De Petersburgo conocemos varias ediciones, pero esta de Akal recoge la versión original publicada por Sirin. No exageraríamos de calificarla de profética y seminal. Pasarla por alto es de por sí un pecado. Peor aún para los que se autodenominan lectores exigentes, entrenados y en constante búsqueda de obras maestras. Por Gabriel Ruiz Ortega


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