Al_norte_Pimentel_(Fangacio)
Reseñas

Al norte de los ríos del futuro

Jerónimo Pimentel (Lima, 1978) ■ Álbum del Universo Bakterial (2014) ■ 96 páginas ■ 35 soles


Poesia. W.B. Yeats definió el spiritus mundi como la creencia de que cada mente humana está ligada a una sola gran inteligencia, que explica la presencia de ciertos símbolos universales. Desde las pinturas rupestres, en que el hombre no buscaba representar la escena de caza sino, literalmente, capturar con su dibujo al animal, el arte ha intentado dar cuenta de esa verdad inherente que se revela de la cosa (signo), independiente de las definiciones arbitrarias, siempre consensuadas, que pesan sobre esta. Seguimos siendo esa gran y única tribu humana a la que le cantaba Ezra Pound, y a la que le escribe, desde un futuro post-apocalíptico, el único sobreviviente, un astronauta, en Al norte de los ríos del futuro (ANDLRDF), sin otra intencionalidad más que su palabra llegue a un destinatario y se haga verbo, acción, vida nuevamente. Aquí la metáfora del náufrago que pone una carta en una botella esperando que alguien la lea se torna en gran gesta (pienso en el arribo de Ziggy Stardust y en su posterior suicidio de rock and roll), como acto de entrega, desprovisto de egoísmo y sustentado en la necesidad de encontrar un otro que, antes de legitimarnos, descubra en ese encuentro improbable su vaciedad y la nuestra. Así se instaura la figura del héroe, que deviene en tal cuando ha tenido la oportunidad de contar su historia y no perderse en el anonimato.

Pimentel pregunta: «¿La conciencia es un mecanismo creado por los genes para satisfacer o aplacar a esas máquinas de sobrevivencia que somos nosotros?», y la historia del hombre queda en evidencia y las palabras que usó Aristóteles para resumir la Odisea («un hombre vaga durante numerosos años fuera de su patria, estrechamente vigilado por Poseidón, y solo») sirven también para hablar de ANDLRDF y entender que estamos ante una obra totalizadora, cuya importancia no radica en el despliegue vanguardista, sino en la construcción de un «escritor como vidente y oyente, meta de la literatura: el paso de la vida al lenguaje es lo que constituye las Ideas», en palabras de Deleuze. Y es que Pimentel trasciende el Yo e instaura en su lugar la enunciación colectiva de un pueblo menor, o de todos los pueblos menores, que solo encuentran su expresión en y a través del escritor. Pimentel inventa ese «pueblo que falta, no uno llamado a dominar el mundo, sino un pueblo menor, eternamente menor, presa de un devenir-revolucionario». Y ahí su grandeza, su inmensidad. Por Víctor Ruiz Velasco


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