Tres narradores bolivianos contemporáneos

Tradición y renovaciones en la interesante literatura altiplánica.

Por Julio Meza Díaz


Desde el Perú, la literatura boliviana actual es todavía un territorio por explorar. Se conoce casi únicamente la obra de autores con reconocida circulación internacional como Edmundo Paz Soldán y se pasan por alto los trabajos de otros narradores de importancia. Esta situación no ha sido la misma siempre. Durante la primera mitad del siglo XX hubo un vivo intercambio entre ambos países. Los libros partían de Buenos Aires, pasaban por Chuquisaca y luego enrumbaban hacia Lima. Este trayecto posibilitó la aparición de las vanguardias en Puno y creó un canal de diálogo entre escritores de diversas nacionalidades, los cuales coincidían en búsquedas estéticas renovadoras e idearios políticos que centraban su atención en las masas marginadas y oprimidas.

En este contexto, quizás el caso más representativo fue el de Carlos Gamaliel Churata, quien mantuvo una relación estrecha con Bolivia, en donde llegó incluso a sufrir persecución por su compromiso político. En 1918 fundó en Potosí, junto con el crítico y novelista Carlos Medinaceli, la revista Gesta Bárbara, que exhibió un perfil modernista y reconoció al diplomático y poeta Ricardo Jaimes Freyre como a una de sus influencias. Fue una publicación de gran importancia. De acuerdo con Arturo Vilchis Cedillo, autor del estudio titulado Travesía de un itinerante, los escritores que se agruparon en torno a Gesta Bárbara «sacudieron la literatura [boliviana]. La denunciaron en sus puntos ciegos, atacaron sus fetiches. Iniciaron a algunos nuevos escritores».

En la actualidad las circunstancias han variado. El intercambio descrito ha menguado. Se ignoran algunos cambios en la narrativa boliviana. Por ejemplo, el hecho de que frente a la larga tradición de novelas realistas centradas en los problemas nacionales se abren paso textos de distinto cariz. Se están escribiendo obras que toman el legado de la reflexión sobre lo social para diseñar universos estéticos independientes. También se están elaborando ficciones sin rasgos asociados a Bolivia. Esta literatura ha sido analizada en el artículo «El futuro llegó hace rato» de Magdalena González Almada y ha recibido el nombre de desmarcada.

De entre los autores que apuestan por estas vertientes se ha escogido a los que quizá poseen las trayectorias más interesantes. Cabe aclarar que no se pretende reducir la literatura boliviana contemporánea a lo esbozado en este artículo. Lo que se intenta es más bien despertar el interés del lector hacia una literatura rica en matices y de calidad.

Homero Carvalho Oliva
Santa Cruz, 1957. Es poeta, cuentista y novelista. Ha conseguido varios premios. Entre ellos los siguientes: Nacional de Cuento 1995, por Historias de ángeles y arcángeles; Nacional de Novela 1996, por Memoria de los espejos, y 2008, por La maquinaria de los secretos; y Nacional de Poesía 2012, por Inventario nocturno. Su obra apunta hacia la reflexión sobre la realidad social boliviana; sin embargo, con La maquinaria de los secretos (La mancha, 2009) ha logrado el bosquejo de un universo inusual.

Escrito con una prosa que discurre entre el ensayo y la ficción, este texto cuenta la historia de Zacarías Rocha, agente del servicio secreto boliviano que ejerce el oficio de «analista del lenguaje». Zacarías está cerca de pasar al retiro y rememora algunas de sus acciones a lo largo de su carrera. Se expone así cómo tras las bambalinas del poder se han manipulado los avatares de la política boliviana de las últimas décadas. Los métodos empleados para tal fin han sido perversos pero no carecen de cierta cuota de humor. Por ejemplo, Zacarías derrumba la moral de los políticos exiliados de los años 70 haciendo «lanzar rumores dizque de buena fuente» entre sus novias que los esperan en Bolivia, quienes creen en los chismes e inician otras relaciones.

La conciencia analítica de Zacarías es infatigable. Observa la realidad a través de rigurosos análisis silogísticos. Empero un hecho quiebra su frialdad. Conoce a Enrique Fuentes, un joven polígrafo que pone en aprietos al gobierno desde sus textos periodísticos, los cuales firma con diversos heterónimos. Aunque ayuda a neutralizar a Enrique empujándolo a la paranoia, Zacarías empieza a cuestionar la tarea del servicio de inteligencia. Su duda es castigada por una nueva generación de agentes, la cual ha logrado conseguir el poder absoluto.

La maquinaria de los secretos es una novela realista que deviene en el trazado de una distopía.

Claudio Ferrufino-Coqueugniot
Cochabamba, 1960. Ha sido poeta y autor de prosas breves en un primer momento de su carrera literaria. Luego deriva a la novela, género con el que ha alcanzado importantes distinciones, los premios Casa de las Américas 2009, por El exilio voluntario; y Nacional de Novela 2011, por Diario secreto (Alfaguara, 2011). En el 2013 ha publicado junto a Roberto Navia el libro de no ficción Crónicas de perro andante y la novela Muerta ciudad viva.

Quizá su larga experiencia de vida en el extranjero (reside en Denver, Colorado, desde 1989) lo ha conducido a diseñar textos en donde la idea de lo nacional se desdibuja y se convierte en el telón de fondo sobre el cual se profundiza en los caracteres de los personajes. Esa es la dinámica de Diario secreto.

Esta novela luce una prosa elegante, salpicada de eruditas referencias a personajes históricos de trayectoria sanguinaria. El protagonista posee evidentes rasgos psicopáticos. Narra algunos episodios de su vida. Cuando niño torturaba sapos, en el colegio dirigía una pandilla y durante su juventud acostumbraba beber y gatillar episodios de violencia extrema. Ya de adulto consigue manipular a los demás simulando una discapacidad psicomotriz. Viaja mucho, sobre todo siguiendo el rastro de sus amantes. Lejos de Bolivia, comenta: «Esta ciudad tiene olor melancólico (…). No me pertenece (…), a pesar de que algo debo decir para escenificar lo que veo y lo que siento». Sigue reflexionando y concluye: «No me pertenece, repito, mas tampoco aquella ciudad que llamo mía».

Pese a sus acciones perversas, el protagonista no genera repulsa porque conjuga su necesidad de sangre con humor negro. Curiosamente, las sonrisas que provoca convierten al lector en silencioso cómplice. Este recurso se emplea también para cerrar la novela. Al contentarse con la muerte del protagonista el lector se convierte de modo simbólico en otro asesino.

Sebastián Antezana
México D.F., 1982. Llegó a La Paz cuando era niño y en esa ciudad desarrolló su vocación literaria. Con su primer libro, La toma del manuscrito, obtuvo el premio Nacional de Novela 2007. Su más reciente publicación es El amor según (El cuervo, 2012), novela del 2011 que ha alcanzado dos ediciones.

Antezana busca de modo explícito construir una obra descontextualizada. En El amor según, el único territorio es la conciencia de Zimmer que sufre y se cuestiona por la repentina desaparición de Mariana. Ambos son esposos. Zimmer es policía; Mariana, fotógrafa. Ella ha elaborado una obra artística reconocida aunque perturbadora. Usa como modelos a niñas a quienes maquilla de forma insinuante. A cierto tipo de público dicha audacia no le ha agradado. Mariana quizás ha sido víctima de la intolerancia. Quizás se ha liado con algún amante (como sucedió en el pasado) y ha decidido irse. Zimmer baraja todas las posibilidades.

Estos elementos parecieran los de una novela negra pero conforman más bien la epidermis del texto. En El amor según reverbera una prosa de intenso lirismo que apunta al asedio de distintos tópicos sobre el amor y la ausencia. El amor se aborda como la fusión de la pareja: «Sólo con Mariana había podido ser el que quería ser. Se había entregado completamente (…). Había tratado de olvidarse de Zimmer y pensarse en dos». La ausencia se vincula a la angustia ante el vacío: «Mariana tiene que estar en algún lado. Si no está muerta tiene que estar en algún lugar, ocupar algún espacio».

Zimmer termina por aceptar lo inexplicable en la desaparición de Mariana. Va más allá de los tópicos. El amor según se torna entonces en un recorrido existencial hacia la nada.


Julio Meza Díaz (Lima, 1981). Ha publicado el libro de cuentos Tres giros mortales y la novela Solo un punto. Recibió el premio Universidad Cayetano Heredia por su poemario Matemáticas sentimental.