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Reseñas

Suponer el fin de todo

Historias del más acá. Imaginario apocalíptico en la literatura peruana

Lucero de Vivanco Roca Rey (Lima, 1963) ■ IEP (2013) ■ 222 páginas ■ 30 soles


Ensayo.Al leer este libro he tenido la sensación de haber habitado el laberinto andino, haber adivinado en las sombras sus pasadizos secretos y entrevisto una luz tanto en el origen como en el fin; haber rasguñado el cielo en el mismo tiempo que nos precipitábamos en el abismo. Es que el apocalipsis –fin del tiempo, destrucción y renovación del mundo, combate final– es un espacio existencial que conecta el presente con el pasado, y su híbrido relato –histórico, mítico y lite- rario– otorga una entrada privilegiada para la generación de nuestra identidad, constituida desde enmascaramientos continuos, de imágenes culturales traslapadas, de discursos interceptados y trascendentes.

El primer gran logro de este trabajo de Lucero de Vivanco es iluminar la identidad peruana desde la noción de apocalipsis, recreándola desde la literatura y sus géneros primos. El apocalipsis es estudiado desde la figura del imaginario, discurso simbólico que nos permite representar lo que intuimos que somos como comunidad. Acudiendo a Gilbert Durand, Cornelius Castoriadis y Slavoj Žižek, nuestra autora conforma artefacto conceptual que abre el imaginario apocalíptico a un diálogo con lo sobrenatural y lo inconsciente; que inventa nuevas formas de ser en el mundo y que juega al enmascaramiento, como si estuviéramos condenados a construir sueños enigmáticos que nos obligan a circular por todos los tiempos. ¿Cuál sería entonces el relato originario del Perú? Cito: «la revelación de un drama histórico en su triple dimensión: crisis presente, deseo de justicia y recompensa o castigo final, siempre en los términos radicales y definitivos del apocalipsis».

Un segundo logro es la conciencia histórica de este texto, que le otorga una dimensión ética incuestionable. Pues recordemos que el pensamiento histórico –y aquí seguimos al pensador judío Ernst Bloch– no solo consiste en recrear el pasado para poder así despejar el presente; sino también, y de un modo circular, articular ese pasado a la luz de las circunstancias que están ocurriendo aquí y ahora. Así, la mirada diacrónica siempre aparece cargada desde un más acá, incluida la distancia de quien escribe: alguien que abandonó físicamente el Perú hace años pero que todavía lo habita plenamente. Una visión dinámica de los procesos mentales y de la sensibilidad andina, y el reconocimiento de una matriz apocalíptica, que se recrea en distintas versiones sin agotarse jamás.

Otro logro ostensible de esta investigación, que constituye un trabajo creativo, a la vez didáctico y erudito, es marcar la cartografía del país como un cuerpo formado por partes asimétricas, monstruoso se diría: costa, sierra, selva; espacios por los que transitan hombres y dioses descalzos, en medio de escombros: cielos caídos, urbes que degluten, paisajes de ensoñación y de pesadilla.

Finalmente, está el ímpetu de forjar nuestra identidad comunitaria desde el espacio literario, mostrando cómo este va abarcando con el tiempo los demás discursos ligados a la crónica, a los sermones, a las leyendas y a los testimonios, cómo los va engullendo, en fin, cómo se transforma en el espacio natural del espíritu apocalíptico.

Estamos en presencia de un libro generoso, pues dispone una información vasta y compleja de un modo impecablemente sencillo y didáctico. Destaco su pertinencia conceptual, generada de modo crítico y lúdico; y muy especialmente, su compromiso ético con una historia americana que es exhibida desde sus relatos trascendentes, que religan el cielo y la tierra, que transforman el impulso tanático en ciclos continuos de vida, en flujos de relatos en que se confunde origen y destino. Rodrigo Cánovas


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