La radio cantó la balada de una mujer
tres veces muerta hasta que se secó
como uno de esos almiares dejados

atrás en la carretera
Yo estaba en el auto, resignado,
se jodió la bobina Cruzó un gato
Era negro ¿la cábula pactada

se transa si no hay movimiento
y en los hospitales las diferencias
entre sábana y mortaja
se reducenpor la huelga
de la oficina de Mantenimiento?

El gato cruzó otra vez sobre
todas las otras cosas
Nunca en frente


La realidad hizo chasquear su tálero
y como solo puedoconocerla a través de mí
(por el retrovisor de algo tan condicionalcomo la vida)
a medio camino de ningún sitio Me sentí un huésped
Por tanto pisarle los pedales
El auto no responde
Se abandonó por entero (como la vida)
                      a la esperanza de auxilio
De pronto, oíalgoque los árboles no pudieron contarme
El gato estaba sobre el parabrisas para atentar
                      contra mis pensamientos
Tanto que me atreví a vaticinar:
«los árboles hoy no contarán nada

Hace falta cierto nivel de oscuridad
para que su fotosíntesis considere
la producción de símbolos»


El gato es solo un signo

No como la araña que existe
al desaparecer
de la tela sin dejar rastro

para, después, empezar de nuevo

porque no hay lugar

La soledad ha sido ocupada por cierta manía
de la historia: la de perpetuarse
auncuando nada acontezca

Y como no essuperficie…

Para dejar un rastro
debocruzarlas pampas de ciertas frases hechas
(ytambién los ribazos de esasmismasfrases)
sin palabras definitivas
paraser parte del dédalo
queva de un lugar a otro
hasta constituirse en ninguno,
según sea la perspectiva
La araña no esunsímbolo, desaparece

Y no consigo descifrar qué callaron los árboles
con esos rojos de hibisco, ¿el otoñoes así?
Pero eso no basta para hacer
aparecer a Orfeo o al Servicio de Grúa
y así comenzar de nuevo


Sí para que el Hombre Manco, luego de entrar
en la florería, no sepa preguntar
¿quéflorexpresa la fatalidad de los días?
y como nadie le respondió azucena
La florista existía solo en una canción

Dijiste «pamplinas»
No salías aún del verbo «llegar» y experimentaste
una vaga sensación de pérdida
Pero ahora no puedo concentrarme
para interpretar la magnitud o su densidad
Desde arriba, aquilatando la vida
a través de ciertas dimensiones

de una forma tan emotiva
como la de un jardín de sapos
que logra conmover
hasta a los perros



Maurizio Medo (Lima, 1965) espoeta y periodista cultural. Ha publicado, entre otros, los poemarios Travesía en la calle del silencio, ContemplacIón a través de los espejos, El hábito elementaly Homeless’s hotel.