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Reseñas

Más y menos que ensayos

El humaniso estético de Paul Auster

Ensayos completosPaul Auster (Newark, 1947) Booket (2013) ■ 799 páginas ■ 75 soles


Novela. Distingo dos tipos de ensayos: el académico, que tiene especificaciones rigurosas, incluso en el plano lexicográfico; y el literario, donde lo importante no es llegar a una conclusión «verdadera» sino dar a conocer el autor su punto de vista sobre un libro, un escritor, un hecho de la realidad, un tema que lo intrigue.

Es a este segundo grupo al que pertenece Ensayos completos, de Paul Auster. Sin embargo, este extenso volumen solo contiene un capítulo que puede llamarse, sensu stricto, de ensayos literarios: el titulado «Ensayos críticos», donde se adunan textos sobre escritores y poetas como Edmond Jabès, Knut Hamsun, un desconocido e interesantísimo Louis Wolfson, Laura Riding, Hugo Ball y la historia del Dadaísmo, Samuel Beckett (a quien rinde un homenaje sin concesiones), Paul Celan, Charles Reznikoff (su visión de NYC) y el brillante Georges Perec.

Todas las otras secciones, que son poco menos que el 90% del libro, son compilaciones interesantes y muchas veces deli- ciosas de prefacios escritos por el autor de Leviatán, o aquellos libros que él ha considerado de no ficción, como La InvencIón de la soledad, y otros que son más bien de autobiografía ficcional (me tomaré la libertad de llamarlos así), como A salto de mata. Por si la diversidad de textos fuera poca, Ensayos completos contiene, a manera de cierre, dos entrevistas bastante reveladoras; una con Larry McCaffery y Sinda Gregory, y otra cedida a The Paris Review. En la primera entrevista, Auster nos deja entrever su rechazo algo ofuscado a ser considerado autor de novelas policiales: «No es que tenga nada contra las novelas policiales, pero mi obra no tiene prácticamente nada que ver con ellas. Tomo elementos de este género en mis tres novelas de la «Trilogía», por supuesto, pero solo como un medio para llegar a un fin totalmente diferente. (…) A la larga, supongo que no tiene importancia. La gente puede decir lo que quiera; tienen derecho a malinterpretar los libros como les plazca. Lleva tiempo para que el polvo se asiente, y todo escritor debe estar preparado para escuchar muchas estupideces con respecto a su obra».

En la entrevista con The Paris Review, Auster parece sentirse un poco más cómodo y se anima a revelarnos que escribe a mano en cuadernos cuadriculados, luego los mecanografía con una máquina de 1974 (parte de la mitología del autor que todo fan conoce), pero, sobre todo, nos devela que el párrafo es su unidad natural de composición, de la misma manera que el verso es la unidad básica de un poema. Auster trabaja y trabaja puliendo sus párrafos hasta que se encuentra satisfecho con el resultado. Esa satisfacción tiene que ver con que el párrafo haya adquirido la forma, el equilibrio y la música adecuados. Pero, ¿cuál es la relación que existe entre su obra y lo que llamamos realidad?

«Me han sucedido tantas cosas extrañas en la vida, tantos acontecimientos extraños e inverosímiles, que ya no estoy seguro de saber qué es la realidad. Lo único que puedo hacer es hablar de la mecánica de la realidad, reunir pruebas de lo que sucede en el mundo e intentar registrarlo tan fielmente como se pueda. He usado ese enfoque en mis novelas. No es tanto un método como un acto de fe».

Ciertamente, el hecho de que este libro no reúna solamente ensayos literarios, como parece sugerir su título, no le quita mérito en ningún momento al placer de su lectura. Hasta las secciones más ligeras, como «Prefacios» y «Acontecimientos», guardan verdaderas joyas que pueden incluso cambiar la visión de lectores no fanáticos de Auster, como este reseñista. La documentada nota sobre el hijo de Mallarmé, por ejemplo, o aquella donde cuentas que Nathaniel Hawthorne es el escritor estadounidense que más admira, y ese enterado texto sobre el cineasta Jim Jarmusch y su visión poética del cine –antes de convertirse en cineasta, JJ había sido poeta.

En fin, muchos temas y autores por conocer es lo que nos deja la lectura de estos Ensayos completos. Como, por cuestión de espacio, es imposible detenerme en cada uno de los textos incluidos en el libro, repararé en uno que dentro de mi experiencia austeriana resulta aparentemente singular, insular dentro de su obra: «Sonreír».

Básicamente se trata de un texto de ayuda –no de autoayuda, ojo– que empieza con una suerte de poema en prosa donde se con- mina al lector (o es el autor el que se ordena a sí mismo) a sonreír en los momentos más difíciles, en realidad en todo momento, aun cuando la sonrisa no te sea devuelta, pues una sola sonrisa recibida en el día, debe ser considerada «como un precioso regalo».

En una segunda parte titulada «Hablar con desconocidos», Auster ensaya (esa palabra) una suerte de apología del relacionarse con gente que no se conoce. Afirma incluso, a pesar de que «los cínicos consideran que ese tema es banal», que el hablar del clima es una excelente manera de entablar una conversación con cualquiera, pues el clima es algo que nos afecta a todos, nos unifica en nuestra precariedad frente a los rigores naturales:

«Nos separan tantas cosas y hay tanto odio y discordia en el ambiente, que es bueno recordar las cosas que nos unen. Cuanto más insistamos con ellas en nuestras relaciones con los desconocidos, mejor será el ánimo de la ciudad».
Las dos últimas secciones de este texto escrito con el propósito explícito de «embellecer la vida en Nueva York», invitan al ciudadano a abastecerse de sándwiches y/o tickets de menú del McDonalds para regalárselos a «los desdichados», y, poética idea, instan al neoyorquino a adoptar un pequeño lugar de la ciudad y dedicarle un tiempo para pensar en él, embellecerlo, limpiarlo, entenderlo como una extensión de su ser.

Pero no se equivoque el lector. Ese texto no está tan lejano, ideológicamente hablando, de las grandes novelas y cuentos del escritor. Auster siempre está hablando de los otros y con los otros en su obra. Siempre está preocupado de llegar al lector de la manera más limpia y bella con su escritura.
Ensayos completos nos confirma el humanismo estético de un escritor que ha logrado erigirse en una voz que clama –pequeñas o grandes– verdades y bellezas en un desierto de concreto y frialdad. Su grandeza se puede percibir en la facilidad que tiene para dejar constancia escrita de su admiración por escritores contemporáneos suyos, como Doctorow, Rushdie y DeLillo, cuando muchos otros autores de menor talento que el suyo consideran la carrera literaria casi como una guerra fratricida. Concluiremos entonces –como si un ensayo fuera esta reseña–que leer estos maravillantes textos incluidos no tiene pierde alguno e incide favorablemente en la comprensión de la obra de Auster. Por Victor Coral



Víctor Coral (Lima, 1970) es periodista cultural, crítico y autor de las novelas Rito de paso y Migraciones; y de poemarios como Luz de limbo, poseía (2005-2010) y el reciente Tres veces postergado retorno, entre otros
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