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Irremediable precisión

Texto por José Luis Falconi, Fotografías de Fernell Franco


Un hombre cavila solitario. La escenografía de su soledad es imprecisa, pero distinguimos que esta tiene de patio de escuela, de dependencia pública, o de monasterio. El piso ajedrezado debajo suyo provee una ligera rigurosidad a la escena (incluso los pasos en falso pueden ser medidos) y un cierto aire a destino (aquel hombre es la última ficha de un juego perdido hace mucho).

Otro hombre, un piso más arriba y quizá aun más solitario, cavila también. El mismo piso ajedrezado, debajo suyo, delata su calculada inmovilidad. Decir que ha estado casi quieto, al acecho, desde hace horas, oculto entre sombras, sería solo otra manera de decir que lleva entre sus manos una cámara, la rendija detrás de la cual se esconde por horas para auscultar el entra- mado del tiempo. Confiado –la rotación de los astros son lo único puntual en el trópico– espera el momento justo: el mediodía, esos minutos perfectos durante el cual toda sombra se disipa, recogiéndose debajo de uno.

Con el sol en su cenit, la soledad del primer solitario se hará más palpable en la cuadrícula: ni su sombra acompañará sus cavilaciones. Y será en ese preciso instante en que la agazapada soledad del segundo solitario se lanzará tras de ella hasta alcanzarla, recortándola del piso, levantándola delicadamente sobre el lente y capturando su reflejo con irremediable precisión.

Si la fotografía ha sido siempre una manera de ordenar el tiempo, no ha habido más meti- culoso clasificador, afilador de instantes en esta parte del mundo, en las últimas décadas, que el colombiano Fernell Franco.

Si Cali abrazó a la salsa y al cine (Andrés Caicedo, Carlos Mayolo, Luis Ospina, Ramiro Arbeláez, entre otros), Fernell abrazó a Cali, a su manera. Así, caminó en solitario su ciudad, cap- turando sus constantes cambios de piel y a los personajes que la poblaron en el paso de un pueblo grande a una gran metrópolis. Y fue la misma cambiante escenografía urbana la que le mostró la paradoja más grande del medio mismo: ¿cómo capturar el paso del tiempo en un medio que sólo captura instantes? ¿Cómo, por ejemplo, reflejar el frondoso decaimiento de un muro o una casa? Y es que si hay algo que define la búsqueda artística de Fernell, su experimentación continua, fue su interés por expandir la capacidad expresiva de la fotografía –limpiando o afilando las esquirlas con las que llegan los instantes retenidos en el diafragma hasta que estos devengan en su propia arqueología.
Por ello, tal como en el caso del solitario sobre el patio, aprehender su imagen en el fotograma fue tan sólo el primero de sus pasos.
Entrada la noche, arropado en la oscuridad de su estudio, regresará a ella, como si regresara a la escena del crimen. El viento fresco que recorre el valle del Cauca en la madrugada lo encontrará proyectándola una y otra vez, al amparo de una tenue luz roja, sobre los desiguales retazos de papel que pudo reunir durante el día, para luego, terminar sumergiéndolos en diversas soluciones hasta fijarlas. Al día siguiente, sobre un cordel en su estudio, los retazos de papel impresos con la misma imagen al infinito aparecerán colgando, como frutos secos.

Los lápices de color y el trazo casi de niño sobre la cuadrícula monocroma harán lo suyo, profundizando la lejanía del sujeto retratado, cercándolo en sí mismo a plena luz del día.

La variación cromática de la serie revelará que la topografía del tiempo que Fernell inventó en su obra se funda en la variación –la repetición calculada con un ligero desfase continuo– por lo que no existirán nunca dos iteraciones idénticas. En Fernell, la misma imagen, será siempre distinta.
Por ello, si alguien busca el exacto retrato de la soledad escondido en estas fotografías, no podrá encontrarlo en una imagen en especial, sino en todas en conjunto. Solo al verlas una al lado de la otra, un impecable espacio de soledad comenzará a desplegarse frente a nosotros con irremediable precisión y que no será de aquel que cavila en el patio sitiado en si mismo por el color, sino de aquel otro, el que vivió al acecho del sol tropical por más de cuarenta años, y del que nos dejó su mas nítida cartografía.


Jose Luis Falconi (Lima, 1973) es fotógrafo y poeta (Indicios del naufragio), e investigador del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Harvard. En el 2011 curó una retrospectiva de Fernell Franco en el Museo Nacional de Bogotá.
Fernell Franco (Versalles, 1942 – Cali, 2006), fotógrafo colombiano reconocido por sus series «Interiores», «Demoliciones» y «Álbumes de la ciudad». Se dedicó a la fotografía social, de prensa y publicitaria. Entre los premios que obtuvo se encuentran el de la Primera Bienal de Arte de La Habana en 1984, y el Premio Colombiano de Fotografía en 2001.