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Reseñas

Ha vuelto

Timur Vermes (Núremberg, 1967) Altazor (2013) ■ 283 páginas ■ 66 soles


Novela. Lo primero que llama la atención de este libro es su genial diseño de portada. Lo segundo llega al comenzarlo: la idea de tener resucitado a Adolf Hitler en el Berlín de 2011 resulta muy seductora, más cuando el perso- naje serísimo de 1945 es ridiculizado sin cle- mencia por Timur Vermes en esta, su primera novela. La primaveral mañana de «su vuelta», el hombre más temido de los últimos tiempos –como en mI lucha, narrador, por cierto, de sus avatares– no encuentra esvásticas, sino más bien inmigrantes de todos los colores en las ca- lles, homosexuales, ¡judíos! y, en el gobierno, una señora regordeta. Los alemanes de hoy ven al Fhürer como un tipo risible, extravagante… un raro. «Ya muy pronto le expliqué a Goeb- bels que, si fuera necesario, estaría dispuesto a hacer de payaso con tal de atraer la atención de la gente», cuenta el protagonista, y como tal, acorde con los tiempos, termina convertido en una celebridad televisiva y de las redes sociales (concretamente, como un gran imitador de sí mismo), lo que el autor aprovecha para despa- charse contra una sociedad frívola, arribista, banal, dando, como es de esperar, situaciones jocosas. (Que un tipo así, seductor y enajenado, cautive a las masas resulta verosímil y, por ello mismo, desconcertante, preocupante). Por su parte y como es de esperar, como todo genio siniestro, pronto el hiperactivo protagonista, terco, observador, tenaz, cazador de las debi- lidades ajenas, comienza a rearmar sus planes políticos para «salvar al pueblo alemán», en medio de observaciones tan agudas como desconcertantes. Es Hitler, vamos.

El exceso de referencias a personajes reales alemanes, muchos de ellos del mass media y de la política, puede complicar, ralentizar la lectura y su disfrute. El único punto de vista de Hitler, sus monólogos a veces excesivos, tampoco abonan a favor del libro, que, casi está demás decirlo, ha sido un éxito de ventas rotundo en Alemania. Y se viene la película. Todo esto, por supuesto, invita a los lectores de todo el mundo que hayamos sufrido las conse- cuencias de dictadores nefastos, a preguntarnos cuál es nuestra parte de culpa por llevarlos a sus puestos de mando. ¿Dónde está, a mi juicio, la mayor proeza de este polémico libro? Que nos riamos con Hitler. Por Conrado Chang.


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