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Reseñas

Espionaje a gogó

Operación dulceIan McEwan (Hampshire, 1948) ■ Anagrama (2013) ■ 396 páginas ■ 102 soles


Novela. Es usted una mujer británica, joven y atractiva. Imagínese, si quiere, con zapatos de taco, un escote sobrio que resalte su busto firme, pero una falda no tan corta (después de todo, estamos en 1972). Su nombre es Serena Frome. Es usted inteligente, tanto que se da cuenta que en realidad es menos brillante que la mayoría de sus compañeros en Cambridge, donde ha entrado a estudiar gracias a sus buenas notas en el colegio. Es el tiempo de la liberación femenina, del rock y del uso de alucinógenos, todo en lo que está metida su hermana para el horror de su familia conservadora. Usted en Cambridge está más allá de esas lamentables tropelías; suficiente tiene ya con lidiar con un mundo hostil para las mujeres inteligentes. De pronto, un golpe de suerte. Recibe usted, debido a sus condiciones –y a que se ha convertido en amante y confidente de uno de sus profesores– una oferta para entrar al MI5, el Servicio de Inteligencia Interior (por favor, no confundir con el MI6, el servicio secreto exterior, el de James Bond y otros espías internacionales).

Como usted, después de todo, es una joven británica, su labor en el MI5 consistirá en archivar información clasificada, recortar diarios y servir café. Bien visto, es un trabajo de lujo. Pasan los meses lentos, es la burocracia. Pero de pronto, otro golpe de suerte. Su amante, en connivencia con uno de sus colegas hombres que se nota también atraído por usted, la recomienda para una misión de la mayor importancia. Creo haber olvidado decir que usted conoce algo de literatura. Eso la ayuda a ser elegida para aquella misión: encontrar un escritor joven y prometedor con ideas favorables al capital –una forma amable de decir anticomunista; estamos en plena Guerra Fría, hay que estar seguro de qué lado está cada quien–. Aquel escritor se beneficiará, sin saberlo, de un fondo especial, una suerte de beca ideológica, para asegurarle la fama y la «libertad» para escribir lo que le plazca. El mundo perfecto para un joven narrador (es mejor conseguir un narrador antes que un poeta, claro, los versos son crípticos y ambiguos).

Efectivamente es la misión ideal para alguien que, como usted, sigue atenta la nueva literatura británica, donde hay muchos jóvenes talentosos que empiezan a publicar sus primeros cuentos: Amis, Barnes, McEwan, Rushdie. Pero se fija usted en Tom Haley, el más virtuoso, el más guapo… y el más liberal, obvio. Lo que usted no llega a prever es que se puede enamorar de aquel irresistible chico. Lee usted sus cuentos que describen, con metáforas incomparables, la fuerza del carácter inglés que se sobrepone al destino pese a la situación que vive el Reino Unido (crisis energética, política y de confianza). Haley es un visionario, un genio decidido a cambiar la literatura y el mundo. Su primera novela ha sido comprada ya por un editor generoso, gracias a la palanca del Servicio de Inteligencia y gana el premio más importante del Reino Unido. Entonces, al momento de publicarlo, sucede algo imprevisto. Los cuentos eran algo curiosos y parecían razonablemente capitalistas, pero la novela… es una novela con tintes orwellianos, una crítica al sistema. Por sobre todo, un grave error del MI5, y de usted, Serena, que en el intento de salvar su amor, terminará haciendo más evidente la farsa.

Operación dulce es una historia de espías y de inteligencia (que coinciden en algunas ocasiones). En esas historias, habrá notado el lector avispado, no hay golpes de suerte. Tendrá que leer la novela para darse cuenta de lo que esconde esta historia. Solo la verdad lo hará libre. Por Alejandro Neyra


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