salario
Reseñas

El salario del ideal. La teoría de las clases y de la cultura en el siglo XX

Jean-Claude Milner (París, 1941) Gedisa (2003) ■ 141 páginas ■ 50 soles


Ensayo.Donde Marx pensó la burguesía como una clase social definida a partir de la propie- dad, el siglo XX le dio el rol fundamental a la remuneración. «Burguesía remunerada», entonces, es el punto de partida histórico de Milner.

En la burguesía recae el sobresalario: por encima del «salario mínimo», el capitalismo le paga de más a la burguesía bajo dos modalidades: por sobretiempo –aquellos burgueses que trabajan mucho y reciben poco, pero más que lo mínimo– y por sobrerremuneración –aquellos otros que trabajan poco y reciben mucho más que el mínimo, como las estrellas de TV–. Cada vez que se habla de modernizar una sociedad no se dice otra cosa que aburguesar a algunos remunerados no burgueses o empobrecer burgueses rentistas para que se dejen remunerar.

Mientras el salario paga el reposo, el sobresalario paga el ocio, donde aparece el «otium», tiempo de las libertades, y la «cultura», que no puede ser sustituido por mercancías. Según Milner, este es el tiempo que permite la civilización, entendida como las prácticas creadoras no determinadas por las necesidades básicas.

La burguesía del sobretiempo es la que tiene el privilegio de crear, y la del sobresalario, la que puede comprar las obras que los otros producen. El progreso social es el proceso por el cual los no burgueses se vuelven tales. Y estas son las aspiraciones de la sociedad moderna en la que (aún, pese a la moda post) vivimos.

Milner hace bien en articular todo ello con la utopía de la democracia liberal: una sociedad mejor (más justa, tolerante, etc.) es una sociedad más burguesa. Sin embargo, hacia el final, constata también la caducidad de este ideal social: la existencia de economías capitalistas no burguesas que no necesitan del llamado progreso social para competir en el mercado mundial.
Vemos entonces el proceso contemporáneo: un capitalismo indiferente a las demandas sociales que cuestionen su existencia como sistema. Entre los trajes de los que se desprende encontramos la democracia liberal, sus ideales de progreso social y el pacto con la burguesía asalariada que las crisis alrededor del mundo muestran como accesorio al fin último del capital: nada sino la acumulación. Por Mijail Mitrovic.


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