oscuro
Reseñas

El oscuro pasajero

Paul Forsyth Tessey (Lima, 1979) Trashumantes (2013) ■ 54 páginas ■ 25 soles


Poesía.El segundo poemario de Paul Forsyth continúa la búsqueda que inició en Laberinto (2006), aquel duelo sereno que es la búsqueda de un sentido en una selva de oscuros espejos. En El oscuro pasajero, el poeta expone las continuas metamorfosis del yo en la experimentación de los límites del lenguaje.

El lenguaje es un juego de dardos que no dan nunca en el blanco. Un cielo dibujado desde dentro, el límite último del ser: «Y doy con mi vuelo la altura de mi abismo,/ Vuelo y fantasía en las alas de mi seso».

Hay un yo poético múltiple, donde el binomio tú/yo se enfrasca en un diálogo fundacional infinito: «¿dónde empiezo Yo y acabas Tú,/ Si soy Yo el laberinto que trasuntas,/ Noche y día, como un ave enorme,/ Si te he dado un jardín infinito/ Con el mapa del cielo, brújula de mí».

La identidad es evocación y recuerdo, oscura persecución y pérdida constante. Un eco buscándose en la oscuridad. Recuerdo entonces el mito de Eco y Narciso, aquel amor de ciegos. «Hablar es no ver», dice Deleuze, y Eco le habla a Narciso, ciega y lúcidamente, a partir de la repetición del final de sus palabras. Eco firma su propio amor en la repetición de un lenguaje ajeno. En este poemario, el yo poético es al mismo tiempo Eco y Narciso: «Soy el Oscuro Pasajero que transita/ Los ultramares y recónditos Yomismos,/ Hablándome con mi otra voz/ Y con mi otro cuerpo hincándome/ Como un poseso que toma al yo por doble entraña/ Y se encarga el control del artilugio de ilusión».

El oscuro pasajero está compuesto por cincuenta poemas cortos que son, a su vez, un extenso poema. Hay escenarios que se repiten: el jardín, la casa, la cueva, el océano. Y en cada página se intuye que alguien escucha detrás de la puerta; siempre hay alguien detrás de todas las puertas.

El pasaje oscuro es la grieta en el espejo, es aquello que se abre en medio de la vida, y te pregunta: «¿Qué es lo humano, finalmente?¿El filamento sutil habido entre carne y hueso? ¿Llamar a cada cosa por feliz nombre,/ (…) ¿Qué lo es, si no puro experimento/Deslengua- da experiencia, un rastro de saliva/ Alargando espesa niebla en el corazoncito/ De un recuerdo constante, eterno invento?». Por Miguel Blár.


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