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Reseñas

Cada ventana tiene su propio cielo

Paulo César Peña (Lima, 1986) Paracaídas (2013) ■ 60 páginas ■ 25 soles


Poesía.En el ejercicio de la observación está siempre manifiesta nuestra aversión a lo pa- sajero, nuestra solidaridad con lo que, creemos, puede durar un poco más o, de plano, mantenerse encendido para siempre. Es esta observación paciente la que nos lleva a formular una reflexión, a ir más allá, o, en casos excepcionales, a escribir para fijar una idea.

Pienso en Ribeyro, más precisamente en sus Prosas apátridas, cuando nos dice que ve «la juventud, la belleza, en el andén del frente, en el vagón vecino, en el tren que se fue», o cuando cree que su gato intenta comunicarle algo, o cuando contempla, sin afán literario, un mural en la sala del café Les Finances. Pienso en Jaccottet: «Que los pájaros den vueltas al sol; que estas palabras brillen sin peso alguno un poco más antes de que caiga la aurora». Pienso en el libro de Peña: «Alguien ha dejado en el pasadizo una escalera lista para ser utilizada». Aquí hay una disposición por maximizar lo mínimo, por despertar el ángulo oscuro de la habitación donde él mismo se encuentra haciendo cualquier otra cosa, excepto esperar ese momento en el cual, con una palabra, puede expresar lo que entonces vio y ya no está; por convertir a Lima en una abstracción que, por un instante, se detiene y llega comprender: «Es el hollín de la avenida Wilson. Oscura materia capaz de hacer que por unos instantes un cristal corriente luzca como la proyección al negativo de un genuino cielo estrellado».

Pero el libro es también quien lo narra, o, en este caso, quien ve. Entiendo que es la visión a través de una ventana con cielos intercambiables, con paisajes que se asocian ya no con lo espacial sino, más bien, con lo emocional, con las vivencias. Es el chico que ve la sombra de su mano sobre el papel o recuerda un viaje a Tarapoto o inventa el olvido para tener una excusa para recordar. Pocas cosas enturbian el texto. Quizá el uso de palabras como nada o sublime, que propician una falsa expectativa. Peña ha obtenido un muy buen primer libro, sobrio, claro, que nos invita a pensar en las infinitas variaciones de una mirada que prescinde de lo literario. Por Cristhian Briceño.


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