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Reseñas

Apuntes de un vendedor de mujeres

Giorgio Faletti (Asti, 1950) Anagrama (2012) ■ 392 páginas ■ 70 soles


Novela. «Me llamo Bravo y no tengo picha». Así comienza la novela de Giorgio Faletti, con este sonoro pistoletazo de salida que, es a la vez, toda una declaración de intenciones. Una frase destemplada dirigida a vulnerar y hacer leña la pasividad del lector, y que reluce como anticipo de su afilada propuesta narrativa. Si hay autores que prefieren consumar sus historias en un plano simbólico, el autor italiano toma el camino contrario: pólvora en mano, arremete con un thriller trepidante cuyo realismo y logrados matices retro resultan tan potentes como explícitos. No hay mayores regodeos, Faletti define su trama en el campo minado de la acción. Desde allí intenta sacar partido de su naturaleza de prestidigitador. Porque su figura es, a todas luces, la de un perfomer, un creador curtido en los artificios –y oportunidades– que pueblan el género negro.

A diferencia de sus creaciones anteriores, como Yo mato y yo soy dios, rotundos bestsellers escenificados en suelo norteamericano Apuntes… acontece en un periodo crítico de la historia italiana: durante los días de secuestro del ex Primer Ministro Aldo Moro en manos de las Brigadas Rojas, allá por 1978. La novela le toma el pulso a esa época de tensión, cogiendo el punto de vista de un enigmático proxeneta que oculta su condición de castrado. A partir de su lucidez y maneras impostadas, se proyecta una mirada llena de nostalgia hacia el mundo nocturno milanés, animado por variedades, negocios mafiosos, mujeres de temer y harto dinero en juego. La evocación no es casual: en su juventud, Faletti fue cantante de cabaré y creció en ese círculo que retrata con fascinación y afán introspectivo.

Apuntes… se mueve entre dos universos: el contexto social/político y los bajos fondos nocturnos. Polos que parecen contrastar, pero que encuentran su punto de correlación con el devenir de la tragedia y el acopio de las intrigas. Para Faletti, la violencia es la materia que lo trasciende todo, que se gesta bajo las sombras y termina salpicando a propios y extraños. Tal vez, sin esperarlo, el italiano ha creado una novela pesimista en la que no hay resquicio para la redención ni la humanidad. Por Jaime Akamine.


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