Aportes

Dos poemas de octubre

Por Adrián Bernal



Sueño #5Atravesar la ciudad
como atraviesan los pájaros
las rejas y las ventanas,
el sueño de una cárcel derruida,
la hierba cubriendo las baldosas,
de las paredes apenas fragmentos,
las cruces que un preso grabó
contando los días con una navaja,
los amigos muertos,
del motín nada queda,
nada quedaba tampoco antes,
limpiaron la sangre, barrieron
cuerpos y casquillos de bala
pero seguimos contando los días,
recordando la luz en las pupilas,
los nombres de todas las mañanas,
a algunos los dejaron salir,
una libertad de jaulas abiertas,
de ocultar el rostro y los tatuajes,
buscar trabajo en hipermercados,
restaurantes de carretera,
arrastrarse por los recuerdos
hasta que agotado sacas de nuevo
la navaja y escribes en la madera
carcomida del hostal

eliot was here

y dejas de esperar octubre en invierno
y ahí termina todo
o acaso decides por primera última vez
apretar un poco más los dientes,
leer los grafitis como mapas,
llevar tu vida en la palma de la mano,
tu vida y la vida de otros
que también dejan señales
en las esquinas, botellas
arrojadas al mar, canciones
prohibidas, atravesar la ciudad
como atraviesan los pájaros
las rejas y las ventanas.

Azul triste tren

dadme un nocturno de Chopin un cigarrillo la calavera de César Vallejo dadme una lágrima de Dostoievski una sonrisa de la viuda de Coltrane dadme un poco de pan y un verso dadme otro mundo

Félix Grande

Como el viajero que huye de los mapas
aprendí de los polizones las cosas
más pequeñas: bluses de doce compases,
canciones de otras guerras, aprendí
de los fracasos en vagones donde viajaban
catedráticos de lenta tristeza,
sacerdotes de ninguna iglesia,
saxofonistas con sueños gastados
que hablaban de coltrane y azules trenes
entre notas nacidas de relámpago,
el fuego apagado en los ojos pero
todavía rescoldos, todavía
calor en los párpados, todavía
el sudor quemando dedos y frentes,
cayendo al suelo, abriendo agujeros
de gusano en el espacio, el metal
avanzando a través de los caminos
como si atravesara la luz a las luciérnagas,
la memoria a los fantasmas
en estaciones abandonadas
como si fueran siglos, estaciones
sin trenes ni soles, galaxias muertas,
devoradas por el olvido como
devoran los lobos los huesos viejos,
viejos que se despiden de las sombras
como los amantes de algunas puertas
o de los puentes los suicidas antes
de arrojarse al vacío, la retina
bañada en versos de paz y darío,
como los alcohólicos interpretan
las botellas, las noches, los abrazos,
así interpreto yo blue train
cada madrugada aunque
el incendio nunca llega
y ya no tengo boca ni manos,
apenas puños y dientes y nudillos
para mantenerme a la tierra clavado,
a la tierra que guardo en los bolsillos
por si acaso a mi entierro nadie acude
y debo escribir en el agua mi nombre,
mi nombre en todas las lenguas,
uno debe morir como ha vivido
y yo viví siempre cerca del mar
aguardando vanos trenes,
el morral cargado de libros
y pólvora y el corazón latiendo
a pesar de todo, latiendo
como una ciudad al alba,
como un poema de vallejo,
un octubre que no acaba,
una fotografía en blanco
y negro, un mundo nuevo
un solo

de john coltrane.