Canciones-de-un-disco-cualquiera
Reseñas

Canciones de un disco cualquiera

José Carlos Picón (Lima, 1979) ■ Lustra (2013) 67 páginas ■ 35 soles


Poesía. Tras su primer poemario, Tiempo de veda, José Carlos Picón vuelve al ruedo poético con un nuevo título de bella factura, Canciones de un disco cualquiera.

El texto se divide en tres partes. En la primera de ellas (sin título), el yo poético busca el sentido último de un sonido interior –brumoso y turbio por momentos, a veces límpido– que habla en voz baja sobre su condición humana y desesperanzada, sobre su extravío; además, en simultáneo, escuchamos esta voz intentando interpretar los oscuros signos de una urbe agresiva compuesta de imágenes fragmentarias y de una vida donde el tiempo transcurre de manera implacable.

El pesimismo, la pulsión de muerte, el desasosiego, las preguntas sobre el amor y la duda constante sobre el sentido (de la existencia, de la poesía, de la palabra, de las cosas…) marcan esta primera parte del poemario, que además es deliberadamente larga, oscura y fragmentaria, lo que genera un efecto de angustia e inseguridad. El mejor ejemplo de esta línea tanática, impregnada por un existencialismo pesimista y cierto malditismo punk, es «Díscola frecuencia», el extenso poema que cierra el primer lado/sección del disco/libro.

El segundo lado, «Lovesongs», es corto y está construido como un contrapeso contra el dolor y el «placer por ser superfluo» que transmite el primero. Si la sección precedente presentaba motivos densos y opacos, como la cercanía de la locura y el deseo de morir, esta segunda entrega poemas de amor cortos –o de resistencia al desamor–, mucho más concretos –como «Tortuga laúd»– y que funcionan dentro del disco casi como singles. Cierra «Mixtapes», con textos donde la presencia de la muerte es latente, como en «El recuerdo de mi abuelo», un logrado poema sobre la atónita contemplación de nuestra finitud.

En el fondo, queda la impresión tras la lectura de que Canciones de un disco cualquiera está escrito justamente para dejar de ser un disco cualquiera; es decir, en un intento a veces fructífero por definirse. Lo vemos con claridad en el satori de «Sentimental Melody (Mirador de Yanahuara)»: tal vez, lo que este libro busca ser es, como en el limpio verso de «La estación», una «…canción que da sentido»; y, por momentos, lo es. Por Teo Pinzás.


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