El-museo-de-la-inocencia
Reseñas

Lugar de la memoria y del amor

El Museo de la Inocencia ■ Orhan Pamuk(Estambul, 1952) ■ Debolsillo (2011) ■ 648 páginas ■ 41 soles


Novela. Estambul, 1975, un día cualquiera. Kemal entra a una boutique en busca de un regalo para su prometida, Sibel, y en vez de ello, se encuentra con Fusun. La atracción es inmediata.

Durante cientos de páginas, Pamuk nos sumerge –¡nos arrastra! – con minuciosidad por la odisea amorosa de Kemal y Fusun, un acaudalado empresario treintañero educado en Estados Unidos y su jovencísima pariente lejana, de familia humilde y tradicional. Sexo, adrenalina, candor, revelaciones y promesas se superponen velando la realidad –se acerca el día de la petición de mano, importante ritual social– o tragándosela en el camino. Pero en pleno triángulo amoroso todo se rompe. Y el destino se torna un desafío. Llegan la incertidumbre, la corrosiva culpa y la paralizante sensación de abandono. La obsesión de Kemal por Fusun se filtra en cada pensamiento.

Entonces empieza una extraña forma de placebo: la recolección interminable de objetos que su amada tocó, usó, deseó o contempló. A menudo las cosas son las únicas huellas de una vida solitaria y perderlas equivale a perder los pilares de la identidad.

Las seiscientas cincuenta páginas del libro se dividen en 83 capítulos breves. Absolutamente absorbente durante las primeras páginas mientras se desenvuelve el torbellino amoroso; denso y repetitivo a lo largo de los días de soledad; fresco y directo hacia el final, cuando el protagonista narra sus viajes por numerosos museos de autor en Europa, el ritmo desigual de la novela es el correlato sintáctico de los procesos emocionales de Kemal: seguimos los pensamientos del protagonista de una manera asombrosamente real. Por eso, cuando el narrador, Kemal, cuenta que le encargó a Orhan Pamuk, un viejo conocido, que escriba su historia, uno siente que algo se desencaja. ¿No era esto una ficción? Un par de páginas después hay un mapa y un ticket de entrada. ¿En serio este tipo recolectó todo lo que su amada tocó? ¿Es posible esta exagerada historia de amor? Imaginen guardar uno, dos, tres objetos al día durante varios años. Un afán, una demencia heroica que se traduce en una habitación repleta de objetos que hablan sobre un amor, sobre una ciudad y sobre una época. Ese es el Museo de la Inocencia. Y existe. Es real.

Esta monumental obra no solo es la primera novela que Orhan Pamuk escribe después de haber recibido el Premio Nobel en 2006: es también un experimento fascinante. Pamuk ha construido su propio museo. Uno que expone, a través de innumerables objetos cotidianos, la naturaleza del amor, la nostalgia y la pasión. Y en el bosquejo de los vínculos y relaciones devela también la constante tensión entre Oriente y Occidente, la identidad de una sociedad cuyo sentido común oscilaba entre el recato de los tradicionalistas musulmanes y la desenfadada vanguardia occidental. Un Estambul muy conservador para considerarse europeo y lo suficientemente progresista para no considerarse islámico. El golpe de Estado de principios de los años ochenta (con sus toques de queda y las calles llenas de militares) es, por ejemplo, el telón de fondo de las visitas de los amantes.

Un libro como ninguno, que difumina las fronteras de la ficción. En palabras del autor, El Museo de la Inocencia son «dos representaciones de una misma historia» Por Paloma Reaño.


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