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Reseñas

Los reyes de lo cool

Don Winslow (Nueva York, 1953) ■ Debolsillo (2013) ■ 307 páginas ■ 45 soles


Novela. Chon, Ben y O (Ophelia) son jóvenes que disfrutan los beneficios del tráfico de marihuana de alta calidad. Pero el negocio de las drogas es sumamente competitivo y el éxito del trío llama la atención de mafiosos de la vieja escuela. Esa rivalidad entre dos generaciones es el punto de partida para lanzar un vistazo que abarca el idealismo de los hippies y surfers de finales de los sesenta, el realismo de los setenta, la desconfianza de los años ochenta, el pragmatismo de los noventa y el hedonismo reinante en los primeros años del siglo XXI. Aquella mirada descubre el crecimiento constante del negocio de los estupefacientes.

También revela las terribles consecuencias: dramas personales y familiares, codicia, traición, corrupción, violencia y muerte. La novela se convierte así en una crónica sobre cómo los sueños de una generación se transformaron en la pesadilla que los especialistas denominan «la guerra contra las drogas». Sus historias transmiten una sensación de callejón sin salida, de estupidez y maldad irremediables. Al mismo tiempo hay mucho humor e ironía, factores que matizan aquel mundo áspero aunque mantienen intacta la visión acusadora que lo retrata.

De esa manera Winslow logra un equilibrio eficaz entre crítica y entretenimiento. Los reyes de lo cool se lanzó en 2012. Es la precuela de Salvajes, publicada en 2008 y cuya adaptación cinematográfica, dirigida por Oliver Stone, se estrenó cuatro años después. Ambas novelas comparten escenarios como la costa sur de California o la zona fronteriza entre Estados Unidos y México, también personajes como el trío de jóvenes narcos, sicarios implacables y corruptos agentes de la DEA. Sin embargo, son mundos autónomos que pueden disfrutarse por separado.

Un ritmo vertiginoso, diálogos eléctricos, escenas impactantes, juegos de palabras y muchos otros recursos confirman el imponente arsenal narrativo de Winslow. Destaca un narrador que se entromete a cada momento: opina, completa diálogos, se anticipa a las reacciones del lector; siempre con criterio, ingenio y precisión. Una estructura armada sobre la base de saltos temporales regula el descubrimiento de los vínculos entre los personajes principales y mantiene al lector pendiente de la próxima revelación. Por Rocco Reátegui.


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