La-sangre-de-la-aurora
Reseñas

La sangre de la aurora ■ Claudia Salazar Jiménez (Lima, 1976) ■ Animal de invierno (2013) ■ 96 páginas ■ 29 soles


Novela. Dejando de lado los ejes temáticos (la guerra interna, la representación de la mujer como una minoría en el marco de los conflictos sociales, la violencia y el desarraigo a los que son sometidas, la reciente historia del Perú entendida desde lo femenino-corporal y la exploración de este cuerpo sensible), esta novela narra las peripecias de tres mujeres en el marco de la llamada «guerra popular». Tres historias, tres caminos, tres voces distintas que se articulan de modo fragmentario y complementario y que sirven de espejo entre sí mismas, produciendo contraste y armonía a la vez: Marcela, la terrorista; Melanie, la periodista; y Modesta, la comunera, participan de una época marcada por la violencia y la destrucción extremas que, sin embargo, define sus sentimientos, pensamientos e identidades. Tres entelequias, tres psiquis, tres experiencias que al sumarse dan cuenta de la experiencia general de lo que ha sido (y, en alguna medida, aún es) ser mujer en el Perú. Hay mucho talento en el desarrollo de diversos recursos literarios (técnicos, estructurales, estéticos). La polifonía (multiplicidad de voces traducida en multiplicidad de existencias, experiencias y visiones críticas de la realidad donde lo «real» aparece como una construcción individual de carácter eminentemente empírico, es decir, que deriva de la vivencia); el uso «poético» del lenguaje en la construcción de cada episodio (especialmente aquellos momentos donde la violencia se manifiesta de modo más claro y donde la forma en que los personajes entienden dichas circunstancias oscila entre la determinación y la confusión); el extendido uso del monólogo interior mezclado con la narración en tercera persona (que logra un interesante contrapunto entre la experiencia subjetiva y la objetiva, en favor de la verosimilitud); y una narración fragmentada que lleva a la construcción, más que de tres historias individuales, de una sola realidad que las engloba y de la cual ninguna de las protagonistas puede sustraerse (de hecho, la ruptura con la linealidad es reflejo de estas experiencias). Estos son, a mi parecer, los logros de una novela que ha dado mucho que hablar y que sin duda distingue a Claudia Salazar entre las narradoras peruanas actuales. Por Severo Falcón.

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