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Reseñas

El cuerpo en que nací

Guadalupe Nettel (México, 1973) ■ Anagrama (2011) ■ 196 páginas ■ 93 soles


Novela. El cuerpo como protagonista, guía o centro. El cuerpo que tiene que ser disciplinado y controlado, pero que escapa a este control: en la literatura de Guadalupe Nettel el cuerpo anormal o defectuoso deja de ser un estorbo para convertirse en el origen mismo de la perturbación social. Nettel demuestra que no se necesita retratar las «grandes historias» para escribir una literatura que no pierda de vista lo social como punto de referencia: a través de la exploración de eventos mínimos de la niñez, El cuerpo en que nací construye lo macro desde la política de lo íntimo.

El cuerpo en que nací, la segunda novela de Nettel, se presenta como una autobiografía donde la autora expone las vivencias de su infancia desde un diván. Una psicoanalista sin voz ni cuerpo la escucha sin responder y asiste a la canibalización de los recuerdos que conforman los excesos de su personalidad. En definitiva, lo excesivo es la marca que desde un inicio sitúa la novela en el contexto de la anormalidad. La protagonista tiene una mancha en el ojo que no le permite ver bien, por lo que tiene que usar un parche y someterse a varios tratamientos en busca de una cura. Además de la invasión médica dentro de un cuerpo que es tanto ajeno como propio, la enfermedad se convierte en una marca que hace la diferencia, que convierte a la niña en una outsider. El extrañamiento que este cuerpo produce en la mirada de los otros son huellas que marcan el tono con que la autora relata la historia. Y esa mirada de los otros se materializa en la familia y en los compañeros de escuela, quienes siempre nos recuerdan que el cuerpo en que nacimos no solo es nuestro, sino también de quienes nos miran, y con ello deciden nuestra suerte.

Limitada por su problema visual, la narradora se encuentra entre dos percepciones diferentes: la que ella tiene sobre sí misma y la que depende de la observación juiciosa y constante de los otros. Los puntos de escape a este conflicto son la escritura, el sexo confundido con juegos infantiles, los viajes entre México y Francia, y las relaciones con otras personas, que determinan las entradas y salidas entre los espacios de normalización y los de liberación. Nettel narra con pericia cómo la infancia se convierte en un campo de batalla entre lo que se enseña para estandarizar lo considerado anómalo (y los traumas y manías que se producen como consecuencia de ese proceso); y las rebeldías que buscan perturbar a quienes intentan imponer límites. Por otro lado, que la enfermedad sea un componente de la novela permite que esta le dé un matiz diferente a lo que de otro modo sería una historia limitada a la narración traumática de la niñez.

En El cuerpo en que nací, explorar el pasado constituye una liberación: entender que la estructura que nos ha construido tal como somos es, al mismo tiempo, el fundamento de lo social, la historia mínima que se repite a gran escala y que de ese modo constituye el imaginario colectivo. Nettel explora la familia, la escuela, el sistema médico y el flujo de personas desde la óptica de lo anormal, de lo excesivo, desde todo aquello que puede desafiar el ordenamiento natural de la sociedad. Y por esa razón es precisamente el cuerpo que nos tocó el lugar desde el cual podemos entender las estructuras sociales complejas que nos han producido y, sobre todo, cuestionarlas. Por Jennifer Thorndike


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