Cuentos-Ampuero
Reseñas

Cuentos

Fernando Ampuero (Lima, 1949) ■ Planeta (2013) ■ 452 páginas ■ 49 soles


Relatos. La cuentística de Fernando Ampuero, sin duda el territorio más fértil de toda su obra narrativa de ficción, tiene cuarenta años de historia y puede dividirse en dos etapas claras: la compuesta por sus libros de juventud (Paren el mundo que acá me bajo y Deliremos juntos), a principios de los setenta; y la que llega hasta nuestros días –en forma, por cierto– pero que comenzó con su vuelta a la literatura en los años noventa, de donde son Malos modales y Bicho raro, de 1994 y 1996, respectivamente, sin ninguna duda lo mejor de toda la producción ampueriana, que de hecho ganó cuando el autor puso el primer pie en una redacción, hace ya décadas, convirtiéndose, de paso, también en un periodista de polendas. De esos conjuntos son historias realmente memorables, antológicas: del primero, además del homónimo, «Taxi Driver sin Robert de Niro» (que estaría, por descontado, en cualquier selección del cuento peruano que se precie), «Kim Novak en París» o «Mi buena estrella»; del segundo, «Bicho raro», «Criaturas musicales» y «Cuarto del oeste». De ese desbalance en sus distintos tiempos como narrador no podía salir una antología perfecta, cosa que es casi una quimera. Pero conocedor de sus limitaciones de muchacho –y acaso demasiado concesivo con sus trabajos recientes–, para esta nueva reunión de sus cuentos (quizá hayan sido demasiadas), el autor ha querido seleccionar solo lo que él considera «la carnecita», y lo que permite ver con claridad, más allá de la obvia evolución de un novel medio experimental a un escritor curtido y claro en sus objetivos, los motivos que hacen de la suya una obra reconocible y entrañable. Su prosa, que tiende a la primera persona, es limpia, sin artificios, directa: Ampuero sabe contar una historia, darle verosimilitud, oralidad, sin que ello le reste brillo y vuelo poético en sus mejores momentos, ni mucho menos. Busca en la realidad que lo circunda, la que conoce bien. Y de ahí saca extrañamiento y, en ocasiones, belleza.

Acaso conquistado por aquellos memorables libros de los noventa, opino que el conjunto resiente cuando el autor se deja llevar por el camino fácil, el de menor potencia y fascinación, de la mayoría de piezas de Mujeres difíciles, hombres benditos. Saque usted sus conclusiones. Por Conrado Chang.


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