Poesía

Cinco poemas

Por Victor Ruiz



En el río Salzburg

«Juvavum era un centro comercial en tiempos del Imperio romano»; explica
el guía vienés, con acento ítalo-americano, mientras la bella mujer posa frente
a una cámara Polaroid que le promete una eternidad con fieles colores, como
una constante agonía.Cuando revelemos la foto y el fantasma emerja de la oscuridad a la luz,
podremos ver que la mujer que aparece en escena divide el río, ahora llamado
Salzburg, como una gran ola blanca en medio de un sueño.–El sueño, queridos amigos, es lo que pasa siempre frente a nuestros ojos.«Juvavum, Salzburgo…, por aquí pasaron también hombres de todas partes
de Europa, cuando Europa era solo el Imperio Romano»; escucho recitar al guía
en medio de un caudal de voces.

El Imperio también pasó: solo el río permanece inmóvil bajo este puente.

Hipótesis de una ventana

Aparece una ventana, la observamos sin prestarle atención a la pared
que la evidencia.

La pared vale por la ventana; alrededor de ella –de la ventana– se ha erigido
–pensamos, casi aseguramos.

La ventana siempre estuvo allí, esperando que alguien le construyera
una pared en torno de sí.

No hacemos la pared y después la ventana. No.

La ventana es una metáfora de aquello que la rodea y nunca llega a tocarla.


Después de Babel

Si Babel no hubiera caído con todo y nuestros corazones –lluvia de adobes
bajo un firmamento fallido–, tal vez podría buscar la palabra que entre sus
escombros me lleve a tu lado. Mas sus voces nunca llegaron a nuestros oídos,
sus restos yacen perdidos
sin pronunciar palabra, sin emitir sonido.
No soportó el peso de los siglos. No soportó el peso de las conciencias de
sus constructores, quienes en medio del éxtasis balbucearon un nombre
extraño a los oídos
y vientres de sus amantes.
¿Cuál fue el sortilegio que llevó a estos hombres a dejar la ciudad erigida
para que el pueblo de Dios tomase morada?
Nuestras manos nunca lograron recoger sus canciones,
una a una se fueron perdiendo como gotas de lluvia en una clepsidra
y nuestras bocas ya nunca aprendieron del sabor
de sus lenguas extintas.
Una costra se formó en nuestras lenguas –debido a la sal que moldeó sus
canciones–,
de nuestros labios jamás brotó una palabra y fueron sepultados
todos los sentimientos ajenos al tedio y a la bondad.
¿Y si después de todo dijera que voy hacia ti atravesando un mar de palabras
como un puente milenario que sostiene mi cuerpo?

Si tuviera otra lengua para hablar de ti
sin mencionar las caídas,
Babel habría valido la pena.



Datta

Este es mi espacio para servir
este es mi espacio para crecer con el poema
y tomar su forma definitiva
aquella que ha de cambiar
como cambia un estanque
al que le es arrojado una piedra
o una moneda
este será mi triunfo sobre el nomovimiento
que encierra a la piedra
en su constitución de piedra
y a la moneda en el bolsillo del avaro
o en la mano abierta de quien nada tiene
sino la conciencia de lo efímero y lo fluctuante
que cambia para mantenerse inalterable
limpio y constante
y evitar –de este modo
dejar de ser el viento la piedra
y acaso el estanque
pero también la mano abierta
que con su renuncia lo hace posible


Sin título

Buscaba imágenes del bien
en los libros de arte moderno
en las fotografías y cuadros,
esculturas y exposiciones,
en galerías dedicadas al arte moderno,
dedicadas al pensamiento moderno
Buscaba imágenes del porvenir
y solo hallaba cuerpos humanos
en descomposición
ciudades en descomposición
naturaleza en descomposición
la prostituta de bonnard
la ciudad dormida de delvaux
la malinche de durham
judit y holofernes de klimt
el jardín de mccarthy
Quería hablar del bien
en tiempos en los que ya nadie
quería escuchar a un predicador
la venus de los harapos de pistoletto
el baile de rego
la catedral de rodin
el arco inclinado de serra
una pequeña música nocturna de tanning
Quería traducir el bien
desde una lengua muerta
que no estaba seguro de lograr entender;
no veía la vida que palpitaba en cada cuerpo,
la vida que palpitaba en cada escultura,
la vida que palpitaba en cada acción
Tomó un cuchillo entonces,
un cuchillo en lugar de un lápiz,
para atravesar la noche
como si buscara atravesar un lienzo
pero no halló nada detrás



Víctor Ruiz Velazco (Lima, 1982). Es editor y poeta. Ha reunido sus primeros cuatro poemarios en Barlovento (2012). Fantasmas esenciales le valió el Premio José Watanabe de Poesía 2011. Acaba de publicar La felicidad es un arma caliente, su primer libro de cuentos. Los poemas que publicamos forman parte del inédito Para espantar a los chacales.