alcools
Reseñas

Letanías laicas

 ■ Mirko Lauer (Žatec, 1947) ■ Paracaídas (2013) ■ 54 páginas ■ 25 soles


Poesía. ¿No son acaso Sobre vivir (Lauer), Symbol (Santiváñez) y Fin desierto (Montalbetti) los tres libros que han redefinido los últimos 30 años de ese campo heterogéneo que es la poesía peruana? ¿Y no es de estas tres escrituras, la de Lauer la más difícil de situar dentro de la tradición literaria no solo por su labor de poeta y ensayista, novelista y analista político, sino por el tratamiento que ejerce de manera oblicua y excesiva sobre el lenguaje?

Alcools, su último libro de poesía, se distancia con claridad de los tópicos que asocian la «madurez» con la repetición mimética de fórmulas de escritura o con la atenuación de recursos expresivos. Los doce poemas de Alcools continúan evidenciando el principio que organiza la poética de Lauer: la intersección de conceptos y sonidos. Un campo que podría denominarse paradójicamente «barroco conceptual». Un espacio anómalo donde se intersectan la sonoridad expansiva, las formas variables (el flujo indefinido de Santa Rosita y el péndulo proliferante, cuartetos en Bajo continuo, sextetos en Sobre vivir), la capacidad analítica de arrastrar palabras hasta el sarcasmo o la violencia, la deuda con lo cotidiano, las huellas diferidas de un Martín Adán desacralizado y la velocidad verbal capaz de desordenar el sentido común poético y social. Este mapa plural de trabajo y recursos se ha expresado con diferentes acentuaciones en cada uno de sus libros de poemas, y ha subsistido siempre como un tejido que hace visible en la escritura un nombre propio. Por ejemplo, en Tropical cantante (2000), donde el concepto avanza enlazado del sonido creando series polifónicas de imágenes y palabras, lo cual resulta hasta justificado por el contexto social de su producción, especialmente en el poema 9 que cierra el libro, un himno desesperado en su lucidez que grafica la situación política de la década de los noventa. En Alcools, las acentuaciones son otras. El contexto también. Es el libro de poemas más contenido y horizontal de Lauer. Es un barroco replegado, no solo por la dimensión numérica de los versos sino principalmente por no permitir que la frondosidad sonora e imaginativa se despegue del concepto: «Discretos óvalos de primavera/ Paciente disciplina/ De la aglomeración». El mismo uso sucede en los versos que abren el poema «Eclipse ovalado (eating dates)»: «El exceso del racimo refleja una perfección:/ El relámpago atado a ninguna tormenta». Y de eso se trata en Alcools: atar imágenes a ideas. Crear sentido en contracciones rítmicas. Toda la temática del libro – introspecciones, paisajes, dátiles, colibríes resonando en el manuscrito de Huarochirí, alimentos, ebriedades, alusiones a Ponge y Apollinaire– mantiene la misma metodología. Incluso el último poema, titulado «De la Fuente asciende Machu Picchu, dieciséis fragmentos», y que ocupa en soledad la segunda parte de Alcools, es un canto donde la ironía como forma de pensamiento alcanza márgenes altos de eficacia sin perder la órbita conceptual. Estos dieciséis fragmentos comprenden una pequeña serie poética de escenas donde el autor de Diario de poeta aparece como un beatnik trasnochado entre sándwiches de realidad y trayectos bajo cuerpos cusqueños. Este ejercicio de crítica podrá leerse sin dificultad como el lado B o el colofón extraviado del ensayo Los exilios interiores.

En el poema 13 de Sobre vivir, Lauer se preguntaba si existía «un corolario sin salvación y sin apocalipsis». Alcools, 27 años después de la edición en Hueso húmero, es una sólida y extensa respuesta a ese cuestionamiento. Por Emilio J. Lafferranderie


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