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Reseñas

Las leyes de la tierra seca.

Intemperie ■ Jesús Carrasco (Badajoz, 1972) ■ Seix Barral (2013) ■ 223 páginas ■ 69 soles


Novela. Un niño huye de su hogar y atraviesa una llanura que padece una sequía despiadada. Tras él van el alguacil del pueblo y dos de sus ayudantes. El niño encuentra en su camino a un viejo pastor de cabras. Este intuye que el pequeño está en problemas, lo asiste y se une a la huida. Los perseguidores los alcanzan. Se desencadena la violencia. La razón que provoca la fuga del niño permanece en el misterio durante gran parte de la novela, aunque desde el principio se sugiere un trauma. Ese dato escondido estimula la expectativa del lector, que se ve impulsado a llenar el vacío con terribles suposiciones.

La revelación se produce hacia el final de la historia y resulta tan sorprende como atroz. Hemingway, que utilizó con sabiduría las omisiones significativas y la sugerencia como procedimientos narrativos, celebraría la destreza de Carrasco en la aplicación de esos recursos. La mención al autor no es fortuita. Intemperie tiene varios puntos de contacto con El viejo y el mar: la presencia de un niño y un anciano, el duelo entre el hombre y la naturaleza, la dignidad, la lucha como una áspera metáfora de la vida. Algunas otras características también relacionan esta novela con La carretera, de Cormac McCarthy. Pero Carrasco sabe tomar distancia de esos referentes para recorrer su propio camino.

Durante la huida todo se vuelve amenaza: perseguidores, posibles delatores, elementos naturales, limitaciones para subsistir y mantenerse a salvo. El protagonista acosado por la sed, el hambre, el miedo y el cansancio está a punto de rendirse en más de una ocasión, pero aprieta los dientes y resiste. El escenario está repleto de adversidades. La desolación, el calor, la escasez de agua, la falta de alimentos y el imperio de la ley del más fuerte deshumanizan y corrompen a los habitantes de la llanura. La excepción es el viejo pastor, quien se transforma en un maestro que revela al niño el valor de las relaciones humanas y los códigos de una conducta digna.

El uso de personajes arquetípicos y el empleo de tópicos como el viaje, los rituales iniciáticos o la lucha entre el bien y el mal no afectan la capacidad de sorprender y conmover de la novela. Desde el punto de vista formal, intemperie no está escrita con alardes técnicos ni ostentaciones estilísticas, y esa sobriedad no disminuye su poder de transmitir sensaciones y emociones intensas; más bien la salva de caer en el sentimentalismo y en el excesivo dramatismo. La riqueza del español utilizado, que incluye términos añejos vinculados al universo rural, refuta a quienes afirman que el mercado obliga a estandarizar el lenguaje para alcanzar la atención de los lectores y el respaldo de las editoriales: solo entre enero y marzo de este año Intemperie tuvo siete reimpresiones. La novela logra herir sensibilidades. Una sensación de incomodidad acompaña al lector desde la primera hasta la última página, pues predomina el sufrimiento, la esperanza apenas se insinúa y no hay final feliz. Mantener la dignidad luchando frente a las adversidades es la mayor aspiración. Son las leyes de la tierra seca, las reglas del mundo violento y mezquino en el que se desarrolla la historia. Así de fuerte e intenso es el debut literario de Jesús Carrasco. Por Rocco Reátegui


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