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Reseñas

La marcha del polen.

Manuel Fernandez (Lima, 1976) ■ Estruendomudo (2013) ■ 85 páginas ■ 25 soles


Poesía. Tras un debut auspicioso con Octubre (2006), Manuel Fernández rompe el silencio de los últimos cinco años –publicó Solidaridad en la convivencia en 2008– con su más reciente poemario: La marcha del polen.

Todo comienza con «La fundación de Breña», texto de corte genético que, con humor irónico, describe el bigbang del distrito donde transcurrió su infancia y juventud, el universo físico del libro. Este lugar, evocado a todo lo largo del poemario a través de objetos, lugares (el colegio, la piscina, el mercado) y personajes, será el huevo primordial desde donde todo comienza a suceder otra vez, porque este poemario es un retorno, una cartografía del recuerdo.

La mirada suele ser parecida, pero más personal, en poemas como «La marcha del polen», «Condenados los náufragos contemplan el naufragio» y «Algunos días serán difíciles». Escuchamos la voz de un yo poético bien definido que, con la serenidad pasmosa de quien ha recorrido un largo camino y se detiene para mirar lo andado, habla claramente, desde la resignación y el humor desesperanzado, sobre la nostalgia y la conciencia del tiempo inexorable.

Bien instalado en la tradición de lo conversacional, Fernández deja fluir su verbo acoplando términos médicos, botánicos, religiosos y callejeros, así como citas de Dante, Quevedo, los Beatles, J.M. Roca, Varela, etc.; elementos con los que elabora un discurso poético coherente y bien calibrado. Sin que Hora Zero deje de ser una sombra, enhebra mediante la evocación del espacio (una Breña fulgurante en verano, coronada por tanques de agua y salpicada de iglesias), el contrapunto entre lo personal y lo social (huelgas de enfermeras, policías persiguiendo presos) y la repetición de ciertos leitmotiv (landmarks de la memoria), un puñado de textos luminosos, donde Breña y el yo poético se desarrollan en simbiosis.

El resultado establece una línea: hay deseo, pero de retorno; un apetito cansado donde el recuerdo es consuelo (no necesariamente triste) que permite, como en «La marcha del polen» –un poema redondo–, seguir soñando, pero en rewind, con el amor. Y si bien hay una abulia meditada a partir de la conciencia clara de la muerte, preanunciada por el epígrafe de Novalis, Fernández prefiere dejar unas migas de esperanza. No todo está perdido y escrito en tiempo pasado; existe todavía, gracias a Dios, el polen de la vida. Por Teo Pinzás.


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