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Reseñas

Historia natural de la infamia

Historia de la corrupción en el Perú ■ Alfonso W. Quiroz (Lima, 1956 – New York, 2013) ■ IEP (2013) ■ 499 páginas ■ 20 soles


Ensayo. Aunque sea una perogrullada se debe insistir en ella: la corrupción ha sido uno de los principales flagelos que se ha cernido sobre el país. Es necesario entonces que sus tentáculos sean objeto de análisis y denuncia. El periodismo independiente cumple esta labor a diario, como también los especialistas que tratan de ponderar los sucesos gracias a la distancia del tiempo. Este último es el caso de Alfonso W. Quiroz, notable investigador quien falleciera en enero pasado, y su reciente libro, el cual si bien se publicó en inglés hace casi un lustro, ahora ha merecido una traducción y, en lo que va del año, dos ediciones.

Quiroz consideraba que la corrupción es una de las principales barreras que impiden el desarrollo y la entendió como el empleo indebido del poder político-burocrático para favorecer intereses particulares. Postuló que para estudiarla desde la historia no se requiere que los hechos hayan merecido la sanción de la justicia. Con agudeza apuntó que la carencia de sentencias condenatorias no refleja necesariamente la inexistencia del delito.

A partir de este marco revisa los diversos momentos en que la corrupción se ha presentado. Comienza dando cuenta sobre los acontecimientos alrededor de las minas de Huancavelica durante la Colonia, pasa por las primeras décadas de la República y los abusos de los caudillos, se detiene en la bonanza guanera, la Guerra del Pacífico y la Reconstrucción nacional; se explaya en los gobernantes civiles como militares del siglo XX y ausculta a figuras vivas como García Pérez y el dictador Fujimori.

De este largo recorrido se puede rescatar una constante. Ante el envilecimiento de las cúpulas de poder se han alzado por lo común personajes de indudable entereza. Por ejemplo, en la Colonia Jorge Juan y Antonio de Ulloa, quienes redactaron el texto titulado Discurso y reflexiones políticas sobre el Estado presente de los reinos del Perú, el cual revela las prácticas ilícitas dentro de la administración virreinal. En su afán moralizador, Ulloa llegó a enfrentarse al mismo Virrey Manuel de Amat y Juniet y a su asesor, José Perfecto de Salas. Por citar otro caso, mucho más recientemente cobró protagonismo Héctor Vargas Haya, quien desde el parlamento, y de modo privado, investigó los escandalosos casos de contrabando durante el primer gobierno de Fernando Belaúnde Terry, los cuales implicaban directamente a varios cercanos del régimen posterior, el de facto de Juan Velasco Alvarado. Aunque estaba afiliado al partido aprista (del cual renunciaría posteriormente), Vargas Haya colaboró también en las investigaciones sobre García Pérez. La década fujimontesinista tuvo como contraparte otro ejemplo de integridad, la de Mario Vargas Llosa, quien pese a una orquestada campaña de descrédito en su contra no cejó en su lucha contra la tiranía.

Cabe señalar que la amplitud de lo analizado muestra la versatilidad de Quiroz y su minucioso conocimiento sobre el fenómeno de la corrupción en el Perú. Sin embargo, también deja la impresión de que pudo profundizar mucho más si limitaba su tema a un lapso estrecho. Por otra parte, si bien sus cálculos financieros sobre las pérdidas del erario nacional a causa de los delitos económicos son pormenorizados, a ratos se percibe la falta de un análisis jurídico preciso. Por ejemplo, sobre los tipos penales vinculados a los actos descritos.

Sin ninguna duda, Quiroz sentía un compromiso ineludible con la sociedad peruana.

Lo ha demostrado largamente con el libro que comentamos, por el cual, según cuenta Antonio Zapata, fue incluso enjuiciado por personas que consideraron afectadas su reputación.

Más allá de los vaivenes sinuosos de la política, el esfuerzo de ciudadanos como Quiroz y su obra se constituyen en un valioso faro. Por Julio Meza Díaz.


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