Libro-de-Piglia
Reseñas

El regreso de Piglia.

El camino de IdaRicardo Piglia (Buenos Aires, 1940) ■ Anagrama (2013) ■ 289 páginas ■ 69 soles


Novela.Si hay una ida, también debería haber un camino de vuelta. En el fondo, probablemente este sea el lío que busca resolver el argentino Ricardo Piglia en su más reciente novela, en la que elige como paisaje un lugar extraño (o no tan extraño, pero al menos no su lugar de origen): la trama discurre en Estados Unidos, donde el álter ego habitual del escritor, Emilio Renzi, dictará un seminario en la Universidad de New Jersey, aunque su estadía se verá sacudida por la figura de Ida Brown, la bella e inteligente profesora con la que sostendrá un romance y que más tarde aparecerá muerta, víctima, al parecer, de un atentado, encadenado a su vez a una serie de acciones terroristas.

La situación se presta para desarrollar un ejercicio que Piglia ya ha visitado: la mezcla de la novela policial (o «novela criminal», como él prefiere llamarla) con el ensayo literario y la reflexión crítica. En la primera esfera están, por supuesto, las intrigas, los giros sobre el homicidio de Ida y la enigmática figura de Munk, el supuesto terrorista detrás de los ataques. En la segunda, en el plano académico, nos topamos con las disquisiciones que Renzi comparte con la propia Brown y el universo de catedráticos y alumnos de la facultad de Literatura. En este espacio, Piglia recurre a la multiplicidad de voces –de forma similar a lo que hizo en Respiración artificial, pero con menos riesgos– para poner, en boca de otros, diversas ideas y postulados, que van desde lanzarse ferozmente contra Harold Bloom o George Steiner, o dejar sentada su preferencia por Tolstói sobre Dostoievski, por ejemplo.

Esa provocadora dualidad entre novela negra y libro de ensayo (una especie de herencia de la dualidad del universo borgeano entre malevos y eruditos) por momentos luce como un emparejamiento de géneros que avanzan por caminos separados. Pero en su punto más alto se convierte en un híbrido poderoso en el que la teoría o el ejercicio literario son las claves para desentrañar un crimen (aquí es formidable el fragmento en el que Renzi descubre una «trama escondida», un «punto ciego», si se quiere, en una serie de anotaciones hechas por Ida Brown en el libro El agente secreto, de Joseph Conrad).

Y hay otro tema: el peso del lenguaje en la obra adquiere especial relevancia gracias a una característica que lo enrarece. Si en Plata quemada Piglia optaba por alejarse de los cánones con un torrente de lenguaje marginal, salido del mundo del hampa en el que metía las narices y todo lo demás, en El camino de Ida ese lenguaje marginal (de los márgenes de Renzi) es el inglés. El otro idioma, el que Renzi no termina de adoptar como suyo, el que incluso lo aturde. Tenemos, pues, al protagonista ubicado en otro espacio, en otra época –ahora es un cincuentón–, y en medio de otro código lingüístico. En algunos pasajes, la traducción que, mentalmente, Renzi hace de lo que escucha desnuda más una imposibilidad que una cualidad. La voz extranjera (pese a que el extranjero es él) lo seduce y lo desarma a la vez. Lo atrae con su hermetismo y sus matices, pero termina por aislarlo.

Mediante la intromisión del inglés –«la lucidez medio nocturna de otra lengua», ha descrito bellamente el autor–, se acentúa la sensación de extranjería y con ello la necesidad del retorno (una necesidad oculta, incluso negada). ¿Es arriesgado pensar que la obsesión de Renzi por resolver el crimen de Ida tenga como propósito último librarse de sus demonios y poder emprender la vuelta a Buenos Aires? El final de la novela, evocador y magistral, deja flotando esa duda con misteriosa ingravidez. Por Juan Carlos Fangacio.


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