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Reseñas

Caza de conejos.

Mario Levrero (Montevideo, 1940 – 2004) ■ Libros del zorro rojo (2012) ■ 154 páginas ■ 94 soles


Novela. Son cien textos cortos enumerados en romanos. Hay cazadores, un bosque, un castillo y, ciertamente, conejos. Estas criaturas conviven en perfecta organización, análoga a una civilización delirante. Al pasar de un texto a otro, es habitual que el lector no sepa qué esperar. Y lo recomendable es no esperar nada; Mario Levrero, el raro, sorprendente escritor uruguayo, sabe bien cómo proveer. En Caza de conejos, el desconcierto por la segmentación de los textos y el realismo fantástico dan lugar al romance de lectura, placentera y recurrente consecuencia con el autor.

Por La novela luminosa o El discurso vacío, cuadernos de diario o quién sabe, recordamos que la continuidad (y su imposibilidad) en el ejercicio de la escritura y la realidad proveniente de los sueños son temas que atraviesan su obra. En esta novela, publicada inicialmente en 1973, se construyen paisajes que están dominados por los pequeños lagomorfos y donde la participación humana (personajes como el idiota, Laura, el plomero y el cazador) es para cuestionar e intentar comprender la lógica de la sinrazón que subyace a esa cacería, cuerda de tensión entre ambos bandos. En la novela somos testigos de las expediciones para cazar conejos, las distintas motivaciones que estas tienen, el doble juego donde el cazador nunca logra estar satisfecho; o es que, a la luz del tiempo ¿los conejos habrán demostrado su superioridad frente a los seres humanos?

Esta es una novela (evidentemente) fragmentaria en su disposición, pero continua en su forma. En algún momento, surgirá otra pregunta: ¿son los conejos una metáfora totalizante de la sociedad posmoderna? Encontrar respuesta es lo que menos importa. Atendamos mejor a la hermosa perversión que toca la historia, y que descansa en los límites del realismo alucinante y licencioso, en donde, por ejemplo, es posible que la polución nocturna de los conejos tenga efectos en la naturaleza o las piernas abiertas de una mujer sean la entrada de una blanda madriguera para los conejitos. La española Sonia Pulido ilustra los textos de Levrero, y sus escenas son bellísimas estampas que aterrizan con cuidado las proyecciones psíquicas de los conejos y los hombres. Por Lisby Ocaña.


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