Aportes

Dos poemas

Por Gracia Angulo



I
Huye de lo que te parezca.
Te giras y me miras con una sonrisa que recita:
todo vuelve y más tarde, desaparece.
El viaje a la realidad es un fraude, me dices,
así que nademos y buceemos en flujos
y efluvios no traidores
sometidos a la carne como Circe
donde se despachan los restos
donde no queda más que sumisión
sin un grito donde ahogarse
ni una garganta seca donde escupir.
Te hago caso
decido quedarme inmóvil hasta que tu mano me empuje
más allá, mucho más allá
algo en mí flota muy lejos y no vuelve
siento que no vuelve.
Huye, me digo también
huye si no puedes oler ni tocar un cuerpo con ganas
o extrañar tu propio espacio aquí dentro.
El vacío invita a que lo llenen
pero este hueco no acusa su soledad
está bien, quieto,
sin huir, sin correr, sin estar.
En ese efluvio, huyo y vuelvo sin pausa,
y vuelvo de tan lejos que siempre es cerca
nadie lo puede explicar
nadie lo quiere explicar
y yo entiendo.
Entiendo que la gente no haya notado nada
ni las ojeras como pozas que se han formado en mis ojos
ni la delgadez de mis brazos y mis pómulos
este andar con molestia
respirando bajo, como quien no quiere,
entiendo,
ando lejos
pero reaparezco y vuelvo a desvestirme a oscuras
para tejerme la piel con mil capas
hoy que el sol golpea en las esquinas
y tapo esta cara triste
con gestos importados
hasta no hallarme más
en esta mueca horrenda
que ya no intenta reconocerse en el espejo.
Trayectos en blanco.
Todos lo son
donde la noche transcurre sin testigos
escucho
cómo gotea el tiempo
y afuera nunca llueve
nunca llueve en esta ciudad de bruma
nunca se limpian los autos, ni los árboles
ni la gente ni yo misma
como siempre
el polvo es lo que queda
como siempre
caminos sin piso hacia la infancia
vacíos los ojos no entienden
la distancia entre mi abrazo y cualquier otro,
como las primeras palabras
que crecen después del sexo.

Huye, repetiste,
y no has vuelto a sonreír.

III
No caeré en el poema:
el que quema una carta
inventa una ceniza.

Vuelve,
y de cerca ya veremos
si el labio de tu viento
aún es fuerte
como para descongelar nuestros rostros
y quemarlos de nuevo.

VII
Víboras sutiles en el fondo de un pozo
(en mitad del amanecer, he abierto los ojos)

Las nubes eran azules,
el cielo un plástico naranja que trataba de filtrarse
los rizos eran negros, igual que la noche anterior
La piel de la mañana acariciaba una casa
una pierna desnuda, asomando entre sábanas negras
como la luna en un cielo que aún no se ha ido dormir
no hay espejo en el baño
aunque todo grita verdad.
Perfiles de riesgo
bañados en sudor
registros policiales en la memoria
mientras desnudo mi cuerpo ante tus ojos
en busca de sustancias tóxicas
el cierre de fronteras
fue decretado hace horas
la noche soltó a sus perros
pero nadie salió huyendo
los crímenes de la semana
van ahogándose
en las terrazas del domingo
Y refugiándose del sol
sospechosos habituales
de la noche anterior.
Más tarde escribirás de nuevo, todo esto
no te olvides de nada.


Astromelias
En el centro de la mesa un florero
en él, dos astromelias comparten espacio
sin conmoverse una de la otra.
Una anda bien de salud, con flores nuevas
La otra viene apagándose paso a paso.
No entiendo el destino que no comparten, si están juntas
en el mismo espacio de agua, en el centro de una misma mesa
Pero sí entiendo lo que nos pasa a los dos
que nos miramos hace años antes de acostarnos / que volvemos a hacerlo al despertar,
en el mismo cuarto, en la misma casa, enfrascados en la misma rutina
y como estas flores
cada uno vive y muere a destiempo
uno sonríe y el otro quiere patear el mundo
uno tiene ganas de salir a ver el sol / el otro desespera pensando en cuánto tardará en llegar el invierno.
Veo el florero y las astromelias
y es imposible no pensar en nosotros
como es imposible actuar para que una de ellas reviva.
Será la ley de la vida, la supervivencia del más fuerte,
Será la ley del amor y sus contradicciones
Será el tiempo que pasa lento mientras se acumulan más años
o será que jamás compartimos el mismo espacio, que jamás la lluvia nos tocó igual.
Será la vida o seremos simplemente tú y yo
dos que no pueden unirse aunque se amen
dos que siempre correrán solos,
pero de la mano.


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