Aportes

Aún debo dinero al dinero del dinero que debía…

Por Oscar García Meza


«I still owe money to the money to the money I owe
The floors are falling out from everybody I know».

The National


No hay nada peor que pedir un favor. Puede salvarte un momento, pero luego se convierte en una mochila pesada. Tienes que devolverlo. Cómo, cuándo, dónde. Ese es el problema. La persona que te hizo el favor te tiene en sus manos.
Por eso no puedo dormir. La llamo casi todos los días. Necesito pagarle el dinero que me prestó.
-Oscar, son las 2 de la mañana…
-Nunca es tarde para devolver un favor a una amiga que… ¿Aló? ¿Aló?
Creo que el problema no es mi trastorno obsesivo compulsivo sino lo que me dijo cuando me dio los 20 soles. “Ya pensaré cómo me lo pagas”.
“Ya pensaré”.
Esa frase me tuvo pensando todo el día, a toda hora. Miraba las agujas del reloj dando vueltas y revisaba en mi mente todas las posibles formas de cobranza. Pensarán que exagero. Pero ello lo dijo. “Ya pensaré”.
Un “ya pensaré” implica el razonamiento de la forma de pago. No exclamó un “me pagarás cuando puedas” o un simpático “para qué estamos los amigos que antes fuimos novios”. No.
Le debo dinero a mi ex y solo espero que la forma de pago no sea dolorosa. No demasiado. Si lo fuera (quizás sí, quién sabe, cómo saberlo si la gente cambia tanto en tan poco tiempo) que sea rápido. En cash y no en cuotas de sufrimiento alargado.
Saqué cuentas. Me había prestado el dinero hace un mes. Con los intereses más altos llegaría máximo a 23 soles con 17 céntimos. Pero el tiempo estaba de su lado. Cada día transcurrido aumentaba la deuda. Y las posibles formas de cobranza.

Necesitaba ayuda profesional.
No, no fui al psicólogo, busqué a mi abuelo.
Jesús García Alva había sido un profesional de cobrar deudas, “el terror de los morosos”. Una vez encontró a un hombre que no había pagado las letras de una lavadora durante un año; en otra ocasión, logró que un niño delatara a su madre morosa.
Al jubilarse, la empresa no quiso pagarle la liquidación completa. Lo subestimaron. Persiguió al jefe hasta cobrar el último sol.
-Abuelo, necesito que me ayudes con una deuda…
-¿no te quieren pagar?
-No, no me dejan pagar.
-¿qué?
Tenía muchas técnicas para cobrar. “Una vez me disfracé de mujer, el hombre salió rápido a la puerta. Le solté mi clásico discurso: que entendía que no tenía dinero pero que los trabajadores teníamos necesidades, que necesitábamos comer. Primero lo ablandaba. Si no resultaba, ya me ponía fuerte”.
Ponerse fuerte equivalía a un ladrillazo con un papel de “paga” (lo tiraba por la ventana, aunque asegura que nunca dañó a nadie), los matones observándote desde la esquina, una mujer gritándote “moroso” todo el día.
Ah, las tácticas criollas de toda la vida.
-¿Por qué no quiere que le pagues?
– Dice que no tiene tiempo.
-¿Fuiste a su casa?
-Mmmm no, la he llamado.
-¿A qué hora?
-Como a las 2 o 3 de la mañana, o los domingos. Cuando no tengo nada que hacer y  vienen esos pensamientos. Ya sabes, a veces pienso que si algo está mal siempre puede estar peor, la ley de Murphy…
-Dejé de escuchar cuando dijiste los domingos…Ve a una hora decente y listo.
Eso hice. Eran las 8 de la noche, la hora perfecta. Ni muy temprano ni muy tarde. Suficiente tiempo para volver del trabajo pero no para acostarse.
-Hola, estoy afuera de tu casa, vine para pagarte lo que me prestaste.
-Hey, no te hubieras molestado. Ya voy.
Ni recordaba ni le importaba la deuda.
Nos quedamos hablando un par de horas. Olvidé pagarle.
Creo que lo hizo a propósito. Así podrá cobrarme en el momento menos pensado, de la forma más perversa posible…