Un-año-ajetreado
Reseñas

Godard le Fou

Un año ajetreado ■ Anne Wiazemsky (Berlín, 1947) ■ Anagrama (2013) ■ 218 páginas ■ 73 soles


Novela biográfica. Aciertan los que comparan esta novela con Éramos unos niños, el libro de memorias de Patti Smith. Y es que aquel relato de iniciación de la cantante y poeta, al lado del artista Robert Mapplethorpe, también se caracterizaba por el tono confesional y la frescura de la juventud más desenfadada. En este caso, la francesa Anne Wiazemsky cuenta su relación con el cineasta franco-suizo Jean-Luc Godard, pero condensa toda la experiencia en solo el primer año de su relación, lo que resalta el efecto de descubrimiento, de aprendizaje, de asombro. Wiazemsky, quien había sido la actriz principal en la película Al azar Baltasar, de Robert Bresson, conoce a un Godard 17 años mayor que ella y se convierte en su compañera de vida y de obra.

Lo que más fascina en Un año ajetreado es, sin duda, la aparición de un Godard inédito. No solo es el artista genial que conocemos, sino que se nos revela como una personalidad de vendaval: celoso, posesivo, impredecible. Y Wiazemsky narra las experiencias con una transparencia que enternece, desde la fragilidad y la pasión de la juventud. La diferencia de edades entre ambos marca gran parte de su relación. Él tiene 36 años; ella, 19 –por entonces, aún una menor edad–. Pero el juego de roles se altera a cada momento por la volatilidad de sus protagonistas. Mientras ella absorbe el cúmulo de experiencias de su entorno y asume su crecimiento, Godard aparece rejuvenecido y a la vez desatado, provisto de una «malicia infantil», como cuando Wiazemsky confiesa: «Se había invertido la relación entre nosotros, la adulta era yo».

El entorno que rodea a la autora también compone un formidable cuadro de la Francia de aquella época, mediados de los sesenta. Los dos personajes que quizá más pesan sobre ella son el propio Godard y su abuelo, el escritor François Mauriac, Nobel de Literatura y patriarca conservador dentro de su familia. Esas dos figuras representan, respectivamente, el espíritu renovador europeo, y la dureza de una sociedad que se resistía a los grandes cambios. No sorprende, pues, que el relato de Wiazemsky se centre en 1967, poco antes de las revueltas de Mayo del 68 que impulsaron principalmente los grupos estudiantiles franceses.

Así, ese «año ajetreado» resume una época clave de Guerra Fría, de mudanza entre tradición y rebeldía, de explosiones culturales, de figuras artísticas descollantes en la literatura, el cine o la filosofía (las apariciones de Jean Paul Sartre, François Truffaut o Francis Jeanson enriquecen la historia), pero todo bajo el ambiente íntimo, tierno y personal de Godard y Wiazemsky. Aunque su relación duró 12 años, el libro –ya lo dijimos– solo cubre los primeros 12 meses del amorío, y Wiazemsky opta por una narración en la que dosifica los detalles y solo sugiere los hechos del futuro. Y es esa euforia del enamoramiento temprano lo que hace a esta novela aun más alegre y entusiasta. Una celebración de la libertad y la vitalidad. Por Juan Carlos Fangacio


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