En-la-orilla
Reseñas

En la orilla

Rafael Chirbes (Valencia, 1949) ■  Anagrama (2013) ■ 440 páginas ■ 80 soles


Novela. Esta «novela de la crisis», como se le ha llamado en España (aunque el autor lo ha desmentido), es el regreso de Chirbes después de seis años de haber publicado Crematoria, novela celebradísima, ganadora del Premio Nacional de la Crítica. «La vida humana es el mayor derroche económico de la naturaleza», dice el narrador de esta historia como pocas, con potente y excepcional lenguaje, punzante, obsesivo, que destella y que no se guarda nada. Todo arranca en un hallazgo, y sin embargo, lo fabuloso es la interioridad del mundo representado por Chirbes. La relación padre/hijo es el marco novelístico. El padre es un hombre enfermo, muerto en vida, que ya no puede valerse por sí mismo: representa el pasado estancado pero también es una especie de alegoría del presente, de la realidad, que vive justamente en el pasado, que ha saciado sus logros –la carpintería, el negocio familiar–; así el hijo –Esteban, un hombre de tercera edad, sin mujer, sin hijos– no puede desprenderse del fracaso que ahora lo inunda, por ende se siente ligado, presa de una España también minusválida, en una localidad –Olba– que pareciera transfigurarse en un marjal, acompañado de los amigos, de Liliana, la colombiana, y Pedrós, el burgués estafador, entre otros personajes que componen un coral, en intensos y fruitivos monólogos.

Chirbes retrata a la perfección el pensamiento de Esteban –calles, problemas sociales, políticos, culturales, económicos, costumbres, prejuicios, etc., que lo enajenan, que lo abisman–, estructurados en párrafos largos, acumulando una trama por momentos densa, pero sin duda perspicaz, inteligente, que sumerge al lector de principio a fin. «No nos engañemos, un hombre no es gran cosa», piensa Esteban, y agrega: «Solo sobreviven quienes consiguen creerse que son lo que no son». Entonces la crisis aparece como un recuento de toda una vida, un punto de fuga que no viene a llenar vacíos, sino a abrirlos, a encarnizarlos. La crisis hace volver la cara a un existencialismo –no solo como persona, sino también como sociedad, como mundo, como Humanidad– inadvertido, cómodo, en un primer momento, que luego se torna eje, un compás inevitable, y por qué no, desesperante. Chirbes lo demuestra, convirtiendo su novela no en un asunto de pocos, ni de un país, sino en un asunto universal. Como la literatura. Por René Llatas Trejo.


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