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Reseñas

El erudito romántico

Breves apuntes de autoayuda ■ Fabián Casas (Buenos Aires, 1965) Santiago Arcos (2013) ■ 192 páginas


Ensayos. Ciento cuarentaiún veces habla de literatura; recomienda trece escritores; menciona a treinta y tres músicos que cambiaron su vida; suma a cuatro futbolistas; cuarenta y dos veces cita un poema o un texto para reafirmar una idea; los superhéroes del cómic aparecen once veces; habla de dos brujos y cuatro discos de rock fundamentales; distintas ciudades o lugares aparecen once veces y veinticuatro el cine es protagonista; comenta cuatro series de tevé; Borges es citado infinitamente, Vargas Llosa cinco veces y Cortázar tres. ¿De qué se trata esta reunión de datos? ¿Una erudición de lecturas y cultura pop? ¿Es este el texto de quien suma información para parecer que sabe más que todos y así nosotros, bien atentos, escuchar el monopolio de su saber, con las orejas paradas y los brazos cruzados? ¿Es que Fabián Casas nos quiere refregar en nuestra peruana cara la suma de sus distintas lecturas, su sensible gusto y atenta mirada?

Para nada. Detrás de cada dato y cita, aparece un guiño cómplice de quien lee y comenta: una sensibilidad callejera, cercana, vital, familiar, amiga o hermana. No es la relevancia de quien lee sino de lo leído. Aunque todo normalmente gire en torno a la literatura, leer, escuchar discos, ir al cine, visitar a un amigo, comentar un personaje se convierte en un pase para algo más profundo e importante: conocerte un poco más. Dicho de este modo parece que estuviéramos hablando de Literatura (así, en mayúsculas) y no de un grupo de breves textos que comentan todo lo que pasa bajo sus ojos, desde una película malísima de Stallone hasta Ricardo Fort, un personaje de la farándula argentina. La magia está en la riquísima prosa, envolvente, de este narrador, poeta y periodista argentino. Breves apuntes de autoayuda son treintaiún textos, enjutos y directos sobre distintos temas. Eso ya lo dijimos. Probemos: si el dudoso y sugestivo título nos debe hacer desconfiar de su contenido, nos equivocamos. Estamos frente a textos que funcionan como la bitácora de un lector inquieto, inteligente y sensible, que se acerca a contarnos cómo una llamada inesperada de un amigo puede llevar a preguntarte sobre un determinado barrio y cómo los barrios, lo mismo que los amores, influyen, a veces más que los libros, en escritores tan disímiles como Borges o Fogwill, mientras te explica por qué Messi no es argentino y Bolaño sea, en realidad, el Quemado, el personaje de una de sus novelas póstumas, El Tercer Reich. Todo sazonado con alguna reflexión, atrevida pero certera. Su reflexión nunca es invasiva ni te quita el gusto de querer ir la fuente de lo comentado. No pretende imponerse sobre el texto sino que transita sobre él, a veces hasta desaparecer fundido en sus páginas: Borges enamorado y resentido a punto de pasar a la historia, a decir de un biógrafo inglés; un posapocalíptico Cormac McCarthy obsesionado con el sexo y la muerte, o Spinetta perdido bajo el reflector de una luz en un concierto caleta en Buenos Aires.

Si algo sale de este libro de Casas, si algo quiso decirnos, es que aquí hay mucho amor. Pienso que Casas es un tipo enamorado, a veces puede rondar la cursilería, de lo que lee y escribe, incluso cuando comenta la alcoholizada biografía de Carver y esa prosa yanqui, tan fría y dura, desprovista de florituras. ¿Es el amor motivo suficiente para publicar estos textos, se justifican? No hay prólogo, ni texto introductorio, ni referencias que nos lleven a pensar que son una recopilación de artículos publicados en diarios o revistas. No, más bien, yo creo que Fabián Casas es insomne y escribió estos textos como analgésicos que relajan la masa encefálica de un mazazo de puro amor literario. Por Jorge Castillo


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