Todo-lo-que-era-sólido-(Muñoz-Molina)
Reseñas

Todo lo que era sólido

Antonio Muñoz Molina (Jaén, 1956) Seix Barral (2013) ■ 256 páginas


Ensayo. Testimonio sobre la crisis española, el libro se constituye por medio de indagaciones sucesivas en distintos aspectos de la vida cotidiana de las casi cuatro décadas de democracia de España, e incluso en el tiempo fundacional que la permitió. Mediante una voz que oscila con naturalidad entre el ensayo y la crónica, Muñoz Molina nos remite al nacimiento de un país que despertó del marasmo aldeano del franquismo, que no alcanzó a interiorizar jamás los principios de la ciudadanía moderna y que, no obstante, se acomodó entre las potencias del mundo mediante embelecos jurídicos y tratados financieros, a pesar de que nada lo unía a ellas.

La democracia española fue, según el último premio Príncipe de Asturias de las Letras, un sitio negado para el sentido común y el manejo próspero de la cosa pública. En ella, las burocracias y las corporaciones fueron dispendiosas e incompetentes, ninguna ética del trabajo pudo vencer, y nadie concibió que el boato, nacido de los préstamos y de la especulación bursátil, debiera de pagarse algún día. En medio de esa orgía perpetua, los españoles rechazaron las obligaciones mejor vinculadas con la democracia: el espíritu crítico, la planificación, el trabajo honesto y el compromiso con la vida cívica. Abandonada en un feriado permanente, España se sometió al hechizo de los nuevos políticos improvisados, que eran también los nuevos ricos improvisados. De ello trató «todo lo que era sólido» a fines del siglo XX y comienzos del siglo XXI: un progreso falaz, que nació de la irresponsabilidad más frenética.

Solo por la contundencia de su denuncia, esta es una de las más briosas requisitorias de un escritor a su país y a su generación. Pero también se trata de una inesperada y honesta confesión de ceguera frente a las señales del desbarajuste. Es estremecedora la escena en que el autor, vuelto inquisidor de la desidia nacional, se encierra a leer periódicos viejos y constata que las noticias de las miserias futuras las ha leído a tiempo sin dispensarles la debida atención. La exigencia del credo demócrata, en esta admirable introspección personal e histórica, se convierte así en el deber de la más atenta lectura crítica. Indispensable.
Por Alexis Iparraguirre


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