Maravillas-(Selznick)
Reseñas

Maravillas

Brian Selznick (New Jersey, 1966) SM (2012) ■ 640 páginas ■ 59 soles


Novela gráfica. Todos buscamos nuestro lugar en el mundo. El pasado guarda respuestas que están a nuestro alcance si nos zambullimos en él; es un acto de fe y valentía. Maravillas, la última entrega de Brian Selznick (La invención de Hugo Cabret), despliega dos historias que avanzan en paralelo hasta encontrarse en un punto. La primera es narrada de manera convencional: con palabras. El protagonista es Ben, un niño marcado por la muerte de su madre y una sordera que lo sorprende. La segunda, se desenvuelve en una sucesión de imágenes que ocupan más de la mitad del libro. Las escenas ilustradas con detallada precisión e iluminadas con el trazo del dibujo en carboncillo, exploran cierta dinámica que transmite la sensación de acercar los dibujos al lector que observa y lee: close ups hechos con lápiz, como ver una película en blanco y negro, muda. No es para menos que la protagonista de la historia gráfica, Rose, sea una niña sordomuda, que vive en New Jersey durante 1927. En tanto, la historia de Ben comienza en Minessota, mucho después, en 1977. Los personajes emprenden cada uno, en su tiempo y espacio, una búsqueda personal. Rose escapa de casa, desolada por su imposibilidad de comunicarse con un mundo que marcha al ritmo de principios del siglo XX, y llega a Nueva York para intentar reencontrarse con su madre, una actriz muy popular; pero su búsqueda trae consigo rechazo. En cambio, Ben, después de la muerte de su madre, y solo con una pista entre las manos, decide buscar al padre que nunca conoció. Es así que parte a Nueva York y en su recorrido de incomunicación se detiene en el Museo de Historia Natural, más precisamente frente a cierto diorama que representa una escena natural en donde un lago y unos lobos permanecen inmóviles a pesar del transcurso del tiempo. Podría el lector detenerse un momento en la idea del diorama y pensar que cada ilustración de Selznick es también uno de ellos: un diorama en dos dimensiones. El museo (la conservación en la memoria) es un leitmotiv aparte. El montaje ilustrado de las escenas que tienen lugar en el gran museo de Nueva York es un deleite solo comparable con ingresar a un gabinete de maravillas. O contemplar la inmensa luz de un rayo.
Por Lisby Ocaña.


¿Escribes reseñas y quieres compartirlas en nuestra web? Escríbenos a libros@buensalvaje.com contándonos en dos líneas quién eres, y sobre qué libros quisieras escribir 350 palabras. Sé específico y, si tienes un blog, indícanoslo.