limonov
Reseñas

Limónov

Emmanuel Carrère (París, 1957) Anagrama (2013) ■ 178 páginas ■ 89 soless


Novela biográfica. Emmanuel Carrère ha escrito un libro sobre las diversas formas de ser otro. Y ser el mismo. No es un ingenio literario: se llama biografía. Esta es la historia de un poeta ruso, de un delincuente juvenil, de un enfermo psiquiátrico, de un escritor de culto en París, de un sumiso sirviente en Nueva York, del fundador de un partido ilegal, de un golpista frustrado y de un hombre que escribe memorias para evitar ser un fantasma. Eduard Limónov. Todos y el mismo. Ninguno. Carrère no escribe una ficción, pero termina creando una novela: la inverosímil y exagerada vida de Limónov en medio de una Rusia que se derrumba.

Si componer el retrato de una persona sirve para comprenderla, lo fascinante de este libro es que al acabar de leerlo no sabemos realmente quién es Limónov. O quizá lo sabemos demasiado bien, y por eso se nos desfigura en miles de versiones. Como un riguroso biógrafo, un reportero de la Historia y un novelista de lo mínimo, Carrère indaga con detalle en la vida de Limónov y el pasado reciente de Europa: su juventud delincuencial en un pueblo ruso, su fugaz éxito de escritor underground en París, los meses de soldado en la guerra de Bosnia, la caída de la Unión Soviética y el fracaso de un partido fascista que él mismo fundó para hacer la revolución. «Él se ve como un héroe, pero también se le puede considerar un cabrón: yo por mi parte no me atrevo a juzgarlo», dice Carrère. Es un relato de la desmesura y la contradicción, pero sobre todo de las muchas personas que a veces somos. De cómo la mirada de otros nos define.

Escrutar la vida ajena es un secreto acto de comparación. Emmanuel Carrère, un pequeño burgués intelectual, se mira en contrapunto con Limónov, un díscolo revolucionario (a la vez «Houellebecq, Lou Reed y Cohn Bendit»), y se reconoce en él como un opuesto. Escribir de otro es también escribir de uno mismo. Carrère se plantea entender tanto a su personaje como a sí mismo desde los eventos históricos que ambos vivieron, uno de espectador y el otro de protagonista. En el fondo, el relato de Limónov es una puerta de entrada para narrar una historia mayor: el fin de la Unión Soviética, el caos de la Rusia poscomunista y el terrible ascenso de Vladímir Putin. La vida de un hombre cómo símbolo de una ruina.
Por Juan Francisco Ugarte


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