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Reseñas

Las aventuras de Max y su ojo submarino

Luigi Amara (Ciudad de México, 1971) ■ (FCE, 2007) ■ 61 páginas ■ 34 soles


Infantil. Es raro encontrar libros de poesía infantil en el Perú, donde es aún más raro es encontrar uno cuya edición estimule, a la vez, la sensibilidad y la imaginación de los niños, que son supremas (considerando, además, que la buena literatura infantil habla también, y quizás más radicalmente, a la imaginación de los adultos). Sin duda, la poesía es una buena herramienta para estimular la lectura entre los niños ya que conjuga su peculiar formulación estética (por ejemplo, la rima) con su capacidad para la evocación de imágenes, a lo que se suman los dobles sentidos y los juegos de palabras de las canciones populares (pensemos en Alicia en el país de las maravillas), con la finalidad de divertir.

Entre los libros para niños que ofrece la librería del Fondo de Cultura Económica (en mi opinión, la mejor librería de literatura infantil) encontramos Las aventuras de Max y su ojo submarino, del escritor mexicano Luigi Amara, quien ha publicado seis poemarios y dos libros para niños: Las aventuras de Max… y Los calcetines solitarios (2011). En el 2006, ganó el Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños.
Dieciséis poemas divididos en tres secciones cuentan la historia de Max, un niño que pierde su ojo rascándoselo y encuentra en ello un nuevo mundo: lo usa para jugar canicas, para copiar exámenes o para ver sus propios pensamientos; lo adhiere a su gato, Bartolo, para acompañarlo en sus aventuras nocturnas; y lo tira por la alcantarilla. También hay un retrato de la familia de Max: el abuelo calvo, colgado de los pies; la tía insomne; el padre recluido en su biblioteca; su hermana, la «chica clorofila». La última sección contiene poemas sobre lo que el ojo ve en el fondo del mar: ballenas, anguilas eléctricas, morsas vagabundas, medusas, etc.

El libro, cargado de un humor irreverente y altamente imaginativo, está ilustrado por Jonathan Farr con un estilo que parece mezclar a Tim Burton (el uso del blanco y negro, los personajes mortuorios, etc.) con Quentin Blake (famoso dibujante inglés que ilustró los libros de Roald Dahl), lo que no es poca cosa y funciona bastante bien. Se trata, definitivamente, de un libro elemental en toda biblioteca infantil.
Por Paul Forsyth


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