Las-armas-y-las-letras-(Trapiello)
Reseñas

Las armas y las letras. Literatura y guerra civil (1936 -1939)

Andrés Trapiello (León, 1953) ■ Destino (2010) ■ 638 páginas ■ 170 soles


Ensayo.Muy a pesar del espíritu romántico que impregna el llamado «Discurso de las armas y las letras», que con inigualable exuberancia verbal colocó Cervantes en labios del Quijote, a lo largo de la historia de la lucha por el poder las armas no siempre han mantenido una actitud gallarda con relación a las letras. Por el contrario, con frecuencia su actitud ha sido procaz, cuando no abiertamente abusadora. De hecho, las armas han tendido instintivamente a aplastar a las letras, pues son estas, por definición, alimento para el pensamiento y sabido es que nada hay más peligroso para la estabilidad del poder que la libertad de disentir, que aleja a los ciudadanos de la sumisión y la autocomplacencia. Pero también puede suceder que, una vez superada la desconfianza inicial y afinada la estrategia, las armas echen mano de las letras buscando convertirlas en un aliado ideal para lograr sus objetivos. Finalmente, es posible que sean las propias letras las que, en un esfuerzo de supervivencia, o fruto del innegable atractivo que el poder ejerce sobre la mayoría de seres humanos, se ofrezcan a las armas con mal disimulados ademanes de prostituta, e interpreten la danza macabra de lo que Mark Lilla denomina «filotiranía»; es decir la adicción de los intelectuales por el poder y los poderosos, que ya Platón avizoraba y, de algún modo, utilizó también para justificar su decisión de expulsar a los poetas de su República. Los hombres de letras — algunos realmente afamados o célebres— que Andrés Trapiello hace desfilar a lo largo de este (largo) ensayo son acaso un ejemplo vívido de lo que mencionamos. En una época signada por un desatado y entusiasta crecimiento del totalitarismo, y carente de cualquier tipo de limitaciones externas, aniquilar a quienes piensan de manera distinta parece ser la opción más práctica y evidente. Pero en medio de la barbarie de chekas, juicios sumarios, detenciones y fusilamientos, la poesía siguió escribiéndose, incluso por algunos autores directos, coautores o cómplices por acción u omisión. No faltan quienes vivieron a lo grande —como excéntricos señoritos o exquisitos sibaritas— en medio de la miseria y la podredumbre generalizada, y hasta lograron convertirse en íconos estampados en más de un afiche o camiseta militante, e incluso terminaron ganando algún premio literario de los que aseguran la perennidad y una buena bolsa económica. Pero para descubrir sus nombres habrá que leer esta obra, escrita con el rigor de una monografía académica y el tono fresco de una novela. Sería, sin embargo, injusto y poco elegante no subrayar el hecho de que la figura de Miguel de Unamuno se eleva dentro de este texto como solo puede hacerlo la de un gigante intelectual y moral. Un coloso capaz provocar un grito tan procaz como el de «¡Muera la inteligencia!». Y es que en el fondo, y pase lo que pase, pareciera que las armas nunca aprenderán la lección. Por Octavio Vinces

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