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Reseñas

Entre mujeres solas. Poesía reunida

Giovanna Pollarolo (Tacna, 1952) ■ Punto de Lectura (2013) ■ 260 páginas ■ 35 soles


Poesía.Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de leer la poesía de Giovanna Pollarolo…
Busque un lugar apartado y un momento de paz, aunque le parezca que hoy eso es imposible.

Deseche el prejuicio de que leer poesía es un privilegio o prerrogativa solo para «iniciados». Piense que el poema es el lugar de encuentro entre la poesía y usted.

Aparte la idea de que todo poema es, necesariamente, un testimonio biográfico. Recuerde que la relación entre vida y poesía es un tema «resbaladizo» y no querrá deslizarse por una de sus pendientes. No debe olvidar que «todos o casi todos nos enamoramos, pero solo Garcilaso convierte su amor en églogas y sonetos» y que «el hombre –y la mujer también– son el olmo que da siempre peras increíbles». Aprópiese de cada uno de los poemas que lea, siéntalos como la lectura de sus propios pensamientos. Esto último le será más fácil si usted es mujer.
Mientras lea, recuerde que la poesía es un misterio gozoso. De cuando en cuando, cierre el libro y ría o llore, según corresponda. Si hubiera perdido el hábito de reír o llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo(a) y verá cómo llega el llanto o la risa, según corresponda.

Entre mujeres solas. Poesía reunida es el compendio de tres poemarios: Huerto de los olivos (1987), Entre mujeres solas (1991), La ceremonia del adiós (1997). En el prólogo del libro, la autora advierte que ha realizado algunos cambios mínimos para dar fluidez, para que la lectura sea más limpia; y que también ha agregado una sección al segundo libro y un poema al tercero. El resultado no puede ser mejor: una trilogía de tres partes cada una, donde la poesía tiene su asiento y su habitación.

La de Giovanna Pollarolo es una poesía desnuda, sin ornamento ni afeites, de fácil lectura para iniciados y no iniciados, que cala muy hondo en quien la lee. La razón de esto probablemente sea que es una poesía con la que uno puede identificarse, porque en cada uno de los libros está la voz poética que representa, respectivamente, los paradigmas femeninos que nos aporta la tradición católica y las preguntas acerca del ser y, específicamente del ser mujer; la reunión de mujeres y la consecución de los sueños; el dolor de la ruptura y el deseo de recuperar el bien perdido.

El primer libro, Huerto de los olivos, empieza con una voz poética que pregunta por los paradigmas de las mujeres bíblicas: ¿Cómo hiciste, María, para escoger siendo mujer? María, la hermana de Lázaro, elige –o la eligen, más bien– para la vida contemplativa: el perfume, el silencio, los sueños. Su hermana, Marta, representa a las mujeres «llenas de afanes» que sienten envidia por ese otro mundo que entrevén en algunas mujeres, en las marías que se sienten elegidas. Sin embargo, ni la María del perfume, ni la María madre de Cristo, ni la María de Magdala están presentes en los momentos cruciales de la existencia de la divinidad encarnada y tampoco les fue otorgada la palabra. Pareciera que el sino de las mujeres es el silencio; por lo menos lo es para el yo poético que calla, cuya boca «es una tumba» y lo es también para las martas de sus recuerdos, las que tuvieron tantos afanes que no les quedó tiempo para llorar por lo perdido, para extrañar el lugar que dejaron, y ni cuenta se dieron de que las ganó el tiempo.

El segundo libro, Entre mujeres solas, toma el título de un relato de Cesare Pavese, «Tra donne sole». Las protagonistas, las voces poéticas de los poemas de Giovanna Pollarolo, son un coro de mujeres que conversan entre ellas y consigo mismas, que cuentan sus vidas sin tapujos, que soñaron con afanes que no pudieron cumplir y sobre los que corren tupidos velos. Las mujeres de este libro escribieron en cuadernos de sueños, se reencuentran, se preocupan por el paso de los años y las huellas que quedan, se comparan, confrontan sus realidades y sus circunstancias y terminan con una mirada resignada sobre su historia personal y su realidad. En este libro se ha incluido una parte, la final, llamada «Contigo en Las Bahamas». En ella, la voz poética se anticipa al tercer libro: el desamor, la estación en el infierno empiezan a cobrar corporeidad.
El tercer poemario es La ceremonia del adiós, cuyo título viene del relato autoficcional de Simone de Beauvoir «La cérémonie des adieux», cierra la trilogía con el espectro de un yo doliente. La primera parte de este poemario nos introduce en la «noche oscura» del yo poético y se concatena al libro anterior. La estación en el infierno, el sufrimiento por la pérdida del amor marcan el ritmo de este volumen. El yo desnudo, desprotegido, lacerado recurre a todo para recuperar el bien perdido. Sin embargo, la espera digna, el ruego con llanto desesperado, la súplica humillante, no consiguen mover siquiera al tú. Entonces, la voz poética trata de construir una «vida nueva», a pesar de «sufrir de ti como una herida constantemente abierta». El yo busca aprovechar el día, su carpe diem, «gozar de su alegre primavera» y solamente consigue convertirse «en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada». Por ello, vuelve a intentar recuperar al amado, esta vez con plegarias, conjuros y delirios, pero nada consigue remitir el dolor y volverlo a su vida.

En suma, Entre mujeres solas es un libro de poesía de lectura indispensable donde la voz poética, clara, sencilla y desprovista de artificios, da una lección magistral de conocimiento en profundidad del mundo femenino desde los modelos aportados por la tradición mitológica católica, pasando por la voz coral del grupo de mujeres reunidas, hasta el espectro del yo desnudo y doliente.
Por Martina Vinatea Recoba


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