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Reseñas

El cuerpo humano

Paolo Giordano (Turín, 1982) ■ (Salamandra, 2013) 352 páginas ■ 74 soles


Novela. En octubre de 2010, la muerte de cuatro soldados italianos por una emboscada de rebeldes talibanes llenó las portadas de los periódicos europeos. Esa polémica presencia de militares italianos en Afganistán es el germen de la segunda novela de Paolo Giordano.

Cinco años después de La soledad de los números primos, ópera prima que vendió millones de ejemplares alrededor del mundo, el escritor, licenciado en Física Teórica, da voz a una decena de jóvenes soldados en una situación límite. Pero no es una novela bélica. Esta es una guerra sin batallas, una guerra que hace parecer tontos a los hombres, y viceversa. Aquí no hay más política que la necesaria para superar la fila del baño.

El pelotón de voluntarios debe permanecer seis meses en la base de operaciones Fob Ice, al sur de Afganistán. Aislados en el desierto, masticando el tedio y la expectativa por igual, compartirán la exuberancia de las fantasías y los cuerpos de juventud. Pero también la tibia tristeza de los recuerdos de infancia y el desasosiego de no tener claro si la vida obedece a un plan o es fruto de un proceso confuso. Aunque eso tampoco importe.

Bajo el mando del subteniente René, un acomplejado treintañero con dilemas morales, y Egitto, el teniente y médico del pelotón que vive acorazado de antidepresivos, están el ingenuo cabo Ietri, el feroz Cederna, el incierto Torsu y Zampieri, la única mujer del grupo, entre otros adolescentes.

De pronto una misión de apariencia risible –escoltar a unos camioneros afganos entre las montañas– falla. Y llegan las irreversibles secuelas del terror. «El mundo exterior existe como un acto en un escenario: está allí pero es otra cosa», afirma en uno de sus aforismos Fernando Pessoa. Y así se siente la vida de estos soldados en la novela. Porque más que bélico, el conflicto transcurre en el descubrimiento de que los ideales son un sueño corto, áspero y torcido.

Giordano devela con pinzas el desamparo cotidiano de no hallarse –ni en la ciudad, ni la trinchera–. Lejos de acumular información histórica para narrar la violencia, el autor emplea una prosa austera para retratar personajes descamisados, suspendidos entre el presente y el pasado, con una idea de futuro hecha de esquirlas de silencios y memoria.
Por Paloma Reaño


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