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Reseñas

El arte de la defensa

Chad Harbach (Wisconsin, 1975) ■ Salamandra (2013) ■ 541 páginas ■ 84 soles


Novela. Resultaría un facilismo recurrir a metáforas beisbolísticas para describir el logro de Chad Harbach con este su primer libro («bases llenas», «batazo», sobre todo «home run»), pero siguiendo una tradición entre sus paisanos –Roth, Auster, Malamud, Updike, Chabon, Duncan, etc.– el autor ambienta su novela en el mundo del gran entretenimiento estadounidense, ese deporte que resulta un misterio para cualquiera que haya nacido en esta parte del planeta. Y el resultado no pudo ser mejor: El arte de la defensa es tan buena como lo han señalado la crítica y el público norteamericano, una novela realmente estupenda. Tomó nueve años de trabajo a Harbach, cofundador de la revista literaria N+1, ensamblar esta historia, y ojalá no sea necesario esperar lo mismo para una siguiente entrega.

Henry Skrimshander era un chico humilde, flacucho y con un talento extraordinario para el béisbol que ni siquiera se atrevió a soñar con la profesionalización y que estaba destinado a ser un blue-collar worker más de Dakota del Sur, cuando fue descubierto por Mike Schwartz, quien termina convirtiéndose en su mentor, su guía, su sensei. Con solo su don divino de parador en corto y todo lo aprendido en una suerte Bushido para beisbolistas llamado, precisamente, El arte de la defensa, «Skrim» parte con «Schwartzy» a Westish College, una universidad perdida en el Medio Oeste que ha hecho de la derrota deportiva una tradición.

Allí, mientras comienza el entrenamiento que buscará hacer de Skrim una potencia física, conoceremos al resto del equipo y a los personajes principales de la novela: el rector Affenlight, erudito, cool y ex mujeriego; el joven filósofo y gay que le añade al rector el prefijo ex; y la hija de aquel, que vuelve de un matrimonio fallido para contribuir con su cuota de desastre. La focalización pasa de uno a otro con un ritmo sensacional (la novela no decae, es pura acción) mientras asistimos al encumbramiento de Skrim y del equipo… hasta que sucede lo impensable.

Curiosamente, pese a estar anclada en el deporte, uno no necesita mayores conocimientos beisbolísticos para disfrutarla. Más bien, con su engañosa ligereza y su franca mezcla de buen humor y melancolía, esta larga parábola discurre entre las manos del lector, que se resiste a abandonarla («Ha dejado un vacío en mi vida, como todos los libros que valen la pena», ha dicho Jonathan Franzen. Dicho sea de paso, pese a escribir cosas muy distintas, uno puede emparentar a Harbach con el autor de Libertad: llaneza del lenguaje, profundidad vestida de sencillez, evolución convencional de la trama larga). Apela a una serie de tópicos afines a la narrativa estadounidense: las historias de campus universitarios, la temática gay, la novela de formación, Herman Melville (principalmente; también hay guiños-homenajes a Thoreau, Emerson, Withman), la amistad masculina, la conquista de las fuerzas de la naturaleza, y, ya lo dije, el béisbol. Y otros más: el miedo a crecer, el miedo a fallar, el miedo a perder las facultades, el amor, la seguridad, la familia, lo logrado.

Los lectores agradecemos que lleguen cada vez más títulos de la editorial Salamandra, que presenta uno de los catálogos más ricos de las letras de hoy –entre muchos otros, incluye a Oksanen, Giordano, Salter, el mismo Franzen–, en ediciones prolijas y, sobre todo, bien traducidas. El fenómeno de El arte de la defensa ha llevado a los productores de HBO a iniciar acciones para llevarla a la pantalla chica (¿aún se puede llamar así a ciertos productos de la nueva televisión norteamericana?), en una miniserie que espero esté a la altura de esta historia encantadora.
Por Dante Trujillo


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