Aportes

Anne Sexton y Sylvia Plath

Por Lucas García


No parece un buen sitio ¿lo reconoces?
No, no, para nada, jamás he estado aquí.
Yo tampoco.
Es lo que me molesta, ¿sabes? Aparecer en los lugares y no tener idea de cómo llegas allí, en dónde estás. ¿Te pasa también a ti?
Sí, pero si quieres que te sea sincera, de cierta forma me resulta un alivio.
¿Un alivio?
Bueno, no soy una chica que crea mucho en toda la estructura judeo cristiana y todo eso, pero una de las razones por las cuales no daba el gran paso no eran ni mis hijos ni mis amigos, sino aquella noción de que iba a condenarme para toda la eternidad, ¿sabes?
Sí.
El maldito infierno.
Claro.
Entonces me imaginaba (bueno, no era todo lo que imaginaba pero el temor estaba allí, arrodillado, en alguna esquina) que iba a despertar en el infierno.
Te entiendo.
Por eso me resulta un alivio. No estoy en una puta paila, o en Auschwitz, si no en un café.
Ajá. Viéndolo así tienes razón. Pero no deja de descolocarme.
Si, ¿no? Siempre un lugar diferente y desconocido ¿Tú como te lo imaginabas?
Bueno, realmente no visualizaba un espacio definido. Solo quería dejar de sentir el dolor.
Oh, sí.
Pensé en mis hijos y en Ted y en toda la mierda pero el maldito dolor, ¿sabes? Como en el fondo del océano, como un agua fría a mi alrededor, todo el tiempo. Sólo pensé en ir a un lugar donde no existiera ese dolor.
Sí, sí, despertar en otro lugar.
Ajá.
¿Y te pasa?
¿No sentir el dolor?
Sí.
A veces, sí, en todo caso ya no es igual, ya no tiene esa intensidad.
Lo sé, pero nunca desaparece por completo.
Sí, bueno, eso es lo que aprendes, ¿verdad?
Oh, sí, esa es la letra pequeña.
Exactamente. Pero no quiero hablar de eso ahora, quiero aprovechar que estamos acá. Quiero fumar unos cigarrillos, beber algo.
Llamaré a un mesero.
Si, hazlo tú, la otra vez no me vieron.
También suele pasarme.
A veces te ven y otras no.
Sí, aunque ¿sabes qué? Cuando no me ven no me molesta.
A mí tampoco.
Debe ser que funciona así.
Sí, pero anda, llama al mesero.
Okey. ¡Pst, Pst! Maravilloso, me ha mirado. Aquí se acerca.
Pídeme un whisky.
Buenos tardes, Sr. quisiéramos ordenar. La Srta. quiere un whisky ¿Cómo lo quieres, Sylvia?
En las rocas, con un chorrito de soda.
Ya la oyó. Yo quiero un Martini, seco. Dos aceitunas.
Y una caja de Chesterfields.
¿Tiene Chesterfields? Perfecto, una caja.
Y cerillas.
Eso. ¿Lo tiene? Perfecto.
No sé ve muy alegre.
Si, la atención no parece ser el punto fuerte en este lugar.
Espero que las bebidas sí. Por cierto, me llamaste Srta. ¿Parezco una Srta.?
Oh, sí.
Nunca hay espejos, nunca sé cómo luzco. Aunque veo mis manos y se ven tersas, lisas. ¿Dices entonces que parezco una señorita?
No más de treinta años.
Tú también.
Sí.
Bueno, tu siempre fuiste hermosa, Anne.
Jajaja.
Recuerdo como te miraba… en el curso.
Nos miraba a todas así.
Bueno, no todas habíamos sido modelos, ¿sabes?
Lo hice por el dinero. Ay, Dios, jajaja, suena estupidísimo cuando lo digo así. “Lo hice por el dinero”.
Bueno, pero te miraba.
Yo también lo miraba.
Jajajaja.
Jajajajajaja.
Mira, ya traen las bebidas.
Okey, okey, okey. Yo le diré cuando, camarero. Así…así… ¡perfecto! Muy bien, muchas gracias.
Maravilloso. ¿Te parecería fuera de lugar si brindamos?
Para nada, me encantaría brindar.
Pero no se me ocurre sobre qué hacerlo.
¿Qué te parece por este encuentro?
Es verdad, por este encuentro.
Brindemos…
Salud. Por ti, Sylvia.
Por ti, Anne.
¿Está bueno?
Sí. Tal vez un poco de tónica de más, pero me gusta, esta muy bien.
Pero ¿sabes qué?, no me gusta esta mesa.
Estamos con un rincón, ¿no?
Sí, me gustaría estar cerca de la ventana. Poder ver hacia afuera.
A mí también.
Casi nunca puedo ver hacia afuera. Siempre son espacios cerrados…
Así es, la mayoría anónimos.
Sí, pero no me siento mal en ellos. ¿Tú te sientes mal en los sitios en los que apareces?
No, la verdad que no. Al principio la extrañeza me resultaba incómoda pero después ya no me molestó…
Sí, te entiendo.
Mira, hacia allá hay una mesa vacía, da a la vidriera.
Vamos, vamos.
¿Llevamos los tragos? ¿Dejamos que lo haga el mesonero?
No quiero tentar nuestra suerte, querida.
Es verdad.
Vamos.


Ahora sí, mira la calle…Nieva…
Uy, sí, todo está blanco, mira como cae la nieve.
Copos enormes ¿verdad?, como nubes…
Sí.
Pero sigo sin reconocer el sitio donde estamos.
No lo sé. No me suena de nada. Pero debe ser navidad, hay como un aire de navidad.
Si tú lo dices…
¿No te parece navidad?
No veo decoraciones navideñas, pero podría ser…Tampoco es que se vea mucho. La nevada hace que las cosas se empiecen a borrar en la lejanía.
Me encanta la nieve.
A mí no tanto, pero me gusta estar resguardada en este lugar, mi cuerpo entibiado por este licor, por el olor de los cigarrillos.
Oh, sí.
Mira, el camarero esta en nuestra antigua mesa.
No nos ha visto. No sabe que nos hemos mudado.
Así es…
Ahí viene su jefe. Le está diciendo algo, ¿lo puedes oír?
No.
Yo tampoco.
No tiene buena pinta.
El jefe está furioso. Que sujeto tan desagradable.
Lo regaña porque cree que nos hemos ido.
Que nos hemos ido sin pagar.
Pobre hombre, no nos ve.
Si, el jefe le está dando una buena.
Dios mío, como le grita.
No se ha dado cuenta que estamos acá.
¡Qué horror! No nos ve. Estamos a dos mesas y no nos ve.
Somos las poetisas más importantes de nuestra generación y el muy estúpido no nos ve, jajajajajajaja.
Jajajajajajajaja.
No le deber gustar la maldita poesía, jajajajajajaja.
¡Oh, Silvia! Jajajajaja.
Es cruel, ¿verdad? Es cruel de mi parte.
Jajajajajajaa ¡Sí, pero no puedo parar de reír!
Jajajajaa ¡Me siento tan mal! Jajajajaa. ¡Qué cruel puedo llegar a ser!
Jajajajaja. ¡Oh sí! Llamemos al jefe, no puedo seguir dejando que siga incordiando a ese pobre camarero.
Lo llamare ¡Eh! ¡Eh!
Ahí viene, mira que cara.
Buenas tardes, Sr., veo que creyó que nos habíamos ido. Sólo nos cambiamos de mesa.
Queríamos una vista a la calle.
Su camarero no lo sabía, ha sido nuestra culpa.
Así es.
¿Ve?, todo ha sido un malentendido.
Seriamos incapaces de irnos sin pagar.
Incapaces.
Okey, no se preocupe. Hasta luego.
Hasta luego.
Se va con el rabo entre las piernas.
Ni siquiera se disculpó con el camarero.
Que hombrecillo tan desagradable.
El camarero te está saludando, Anne.
Si.
Al menos le queda eso.
Es verdad.
Deja el dinero en la mesa ya por favor.
¿Nos vamos?
Oh no, no, es sólo por si las dudas.
Claro, se me olvida. La estado pasando tan bien contigo que se olvida.
Sí, pero ya sabes…
Sí, en cualquier momento podríamos desaparecer…
Esfumarnos, amiga mía.
Pero no me asusta, ¿sabes?
A mí tampoco.
Me hace muy feliz oírtelo decir, Silvia.
A mí también, Anne.
Creo que eso amerita un brindis.
Así es.
Por nuestra desaparición, Silvia.
Por esfumarnos, Anne.
Por no tener miedo.
Por no sufrir tanto dolor.
Salud.
Salud.


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