559730c0
Reseñas

Tesis sobre un homicidio

Diego Paszkowski (Buenos Aires, 1966) ■ Sudamericana (2012) ■ 206 páginas


Novela. En una entrevista publicada en la revista Crisis, Borges señalaba –parafraseando a Stevenson– que «la novela policial deja la impresión de un mecanismo, que puede ser ingenioso, pero que, al fin de todo, tiene algo muerto. Y lo único posible es salvarla mediante los caracteres». En el libro de Paszkowski pasa exactamente eso. La intriga se infla a partir de la dinámica y el choque descomunal de dos personalidades tan opuestas como apasionantes. Por un lado, Bermúdez, un reputado maestro de criminalistíca cortado sobre el molde de los arquetipos de la ficción negra: solitario, alcohólico, un rosario de enojos y mala gracia, pero con la creciente motivación de haber encontrado un desafío tendido por uno de sus estudiantes. Besançon, apellida él, un muchacho francés rico, culto, la encarnación del mal en estado de gracia, con una doble obsesión entre manos: Juliette Lewis y probar que la justicia es inútil, un ideal quebrado.

Puestos sobre las rutas de una Buenos Aires laberíntica, maestro y alumno llevan a cabo el consabido ritual a partir de la consumación del delito; el jurista hará las veces de improvisado detective para atrapar a su racional adversario. A la manera de gato y ratón, ambos desempeñan su rol en un juego, más que físico, intelectual. Es en esos terrenos donde el autor prefiere hacer germinar la acción. Porque este es un thriller esencialmente psicológico y, como tal, la trama no se resuelve a pistoletazos, sino con ideas, deducciones, ciencia. Por ello, no sorprende que, en esta ocasión, abunden los párrafos discursivos, los monólogos internos, las descripciones; todo ello dosificado por una cuota (oportuna) de cinismo y humor. Resuenan ecos de Chesterton, Borges, la novela negra norteamericana, ciertos referentes cinematográficos, desde La soga –al que calca en su nudo conceptual– hasta Cabo de miedo, pasando por las cintas de Brad Anderson.

La novela se traiciona en su tramo final. Se gesta ambiciosa y cerebral, y acaba precipitándose sobre el más terrenal de los campos: la autoindulgencia. Pareciera que Paszkowski quisiera redondear «la tesis» con un cierre que complace, pero que desdice la autonomía (y coherencia) de sus antihéroes.
Por Jaime Akamine. 


Recomendados:
Hablar solos (Andrés Neuman)
Ellos son mi suerte (J.M. Cervera)
¿Escribes reseñas y quieres compartirlas en nuestra web? Escríbenos a libros@buensalvaje.com contándonos en dos líneas quién eres, y sobre qué libros quisieras escribir 350 palabras. Sé específico y, si tienes un blog, indícanoslo.