Banville
Reseñas

Antigua luz

John Banville (Wexford, 1945) ■ Alfaguara (2012) ■ 304 páginas ■ 69 soles


La batalla del pasado

Novela. Cuánto de lo que uno recuerda, o cree recordar, ocurrió realmente como imaginamos. Cuánto de aquello no es sino añadidura nuestra, producto quizá de nuestro inconsciente ante ciertos vacíos u olvidos. Como en anteriores novelas, el irlandés Banville realiza una interesante indagación sobre la memoria en Antigua luz, su esperadísima nuevo libro –luego de la aparición de varias novelas negras firmadas con el seudónimo de Benjamin Black.

Aquí, Banville nos presenta a Alexander Clave, un veterano actor de teatro de más de sesenta años, que ha sido convocado para protagonizar una película sobre un misterioso personaje, un académico llamado Axel Vander. Sin embargo, mientras nos vamos enterando de los entretelones y del inicio de la filmación de aquella producción cinematográfica, Clave empieza a recordar, escarbando en su memoria, aquel romance que sostuviera, a los quince años, con la madre de su mejor amigo: la treintañera y guapa señora Gray.

Desde el inicio sabemos que aquella apasionada y subrepticia relación, que tanto lo marcó, tuvo su punto final cuando fueron descubiertos. No obstante, Banville va dosificando la información que nos proporciona sobre cómo se fue llevando este affaire clandestino y, sobre todo –lo que esperamos descubrir–, los detalles del inesperado fin. A lo que se sumará, claro, una terrible revelación posterior. Aquí notamos, como he mencionado al inicio, cómo el narrador-protagonista se cuestiona sobre la fidelidad de sus recuerdos e intenta reconstruir algunos fragmentos poco claros que habitan en su memoria. Por otro lado, Clave no solo nos cuenta, en esta travesía al pasado, su romance juvenil prohibido, sino también la compleja relación con su hija y la desconcertante muerte de esta en un balneario italiano. Un hecho traumático, sin duda, que no ha podido ser superado –cómo hacerlo– ni por él ni por su esposa Lydia. Clave no deja de cuestionarse la poca comunicación con su hija. Para empezar se pregunta por qué les mintió diciéndoles que iría a otro lugar y no a donde finalmente halló su muerte. Y, finalmente, por qué no les contó que estaba embarazada ni la identidad del padre del hijo que esperaba.

Esta herida del alma sería lo que lo emparenta con la joven y bella Dawn Devonport, su coestelar en la película: una mujer que no ha superado la muerte del padre y cuya frágil psiquis la ha llevado al intento de suicidio. Hay un par de escenas en la habitación de un hotel (adonde viajan luego del fallido suicidio de ella) de una gran intensidad emotiva y simbólica. Ella le pide que la abrace e imagine que es su hija.

La novela se ralentiza por partes pero no deja caer el interés. Banville es muy diestro haciendo frases que nos van sumergiendo en el ritmo que él quiere darle a su historia. Posee una sólida obra, de las más interesantes y reconocidas de habla inglesa. Y Antigua luz –que forma una serie junto a Eclipse (2000) e Imposturas (2002), aunque cada de lectura independiente– es una novela lograda que no debe dejar de leerse. Compararla, como han hecho algunos ingenuos, con Cincuenta sombras de Grey, no solo es un bochornoso error sino también un desmedido premio para una autora olvidable como E. L. James.
Por Carlos Sotomayor


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