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Reseñas

Joseph Stiglitz detiene el tiempo

Diego Fonseca (Córdoba, 1970) ■ eCícero (2012)  ■ 3,85 dólares en Amazon,  iBooks o ecicero.es


Perfil. Es una biografía atomizada. En un perfil –género que le debemos, como tantas otras cosas, a la revista decana del periodismo narrativo, The New Yorker– el periodista clava la mirada en unos pocos detalles que servirán para intentar comprender a su personaje.

El periodista argentino Diego Fonseca es uno de los más minuciosos exponentes de ese culto al detalle que en español y en nuestro país tiene patria y casa en la revista Etiqueta Negra, donde nació este perfil en enero de 2012. Cuando Fonseca vio por primera vez al premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz en su despacho de la Universidad de Columbia, su ojo de cronista cazó un detalle al vuelo: el reloj de muñeca del economista favorito de los militantes del movimiento antiglobalización estaba retrasado una hora. A partir de ese detalle, Fonseca se pregunta si podemos confiar la economía del mundo a un hombre que llega siempre tarde. El cronista habló también con su mujer, cruzó emails con amigos y conocidos y hurgó en la hemeroteca para descubrir que ese reloj retrasado era una especie de tímida declaración de intenciones: por mucho que preguntó –y esperó– Fonseca casi no pudo encontrar ocasiones en que el célebre economista hubiera llegado a la hora. Cuando al comienzo de estas entretenidas setenta y pico páginas, Fonseca le pregunta si llegaba siempre tarde a sus citas, Stiglitz respondió «Por supuesto que no: lo consigo si me lo propongo». Pero hasta donde Fonseca pudo averiguar solo había llegado puntual a la entrega del Nobel.

Los libros de Stiglitz y su defensa de un gravamen a las transacciones globales para luchar contra la especulación lo han convertido en lo más parecido a una figura del espectáculo que tiene la alguna vez poco popular ciencia económica. Stiglitz recibe anualmente mil quinientas invitaciones para dar charlas y conferencias, y se pasea con la misma naturalidad por los pasillos del poder en Washington, donde fue uno de los principales asesores de Bill Clinton además de jefe del Banco Mundial, que por un concierto de Manu Chao. Y todo ello sin ajustar nunca las manecillas del reloj. Por Diego Salazar.


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