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Harmonia Mundi

Imágenes de María María Acha-Kutscher, textos por Carlos Herrera


Desde los mitos cosmogónicos griegos, en Occidente vivimos confortados con la idea de que, a partir del gran Caos primigenio, un buen día el universo se organizó en cielo y tierra, días y noches, dioses y hombres. Y, como rezago de Caos, monstruos. Logos, la Norma, comenzó su reinado, con vocación de progreso y eternidad. Dios mediante.

Pero.

La cosmogonía china es un tanto distinta. Caos y orden se mezclan, manteniendo el mundo en delicado equilibrio entre ambas fuerzas. Gracias, dicho sea de paso, al dragón, que es técnicamente un monstruo.

Un buen día, relativamente reciente, la ciencia occidental redescubre el caos. El universo es mucho más complejo e impredecible de lo que la certeza relojera de las leyes físicas tradicionales puede ofrecer. ¿Cómo prevenir tifones, masacres, anomalías?

Freaks. Inevitable, frente a las imágenes re-creadas por María María Acha-Kutscher, pensar en la película de Tod Browning de 1932. Browning había hecho una carrera exitosa dirigiendo medio centenar de filmes mudos y un clásico del horror sonoro: Drácula, con Bela Lugosi. Por eso la Metro Goldwyn Mayer acogió sin mayor problema su proyecto más personal: una historia ambientada en el mundo de los sideshows, esos espectáculos que florecieron a fines del siglo XIX y primeras décadas del XX, anexos a circos y ferias, que eran el reino de lo anómalo: enanos, gigantes, mujeres barbudas, hombres esqueléticos, humanos y animales carentes de miembros o con exceso de ellos, y un etcétera de singularidad, sorpresa y fascinación.

La mayor novedad del proyecto de Browning consistió en prescindir de sofisticados maquillajes y hábiles artistas para emplear verdaderos freaks. Recordemos la historia. En el circo, la bella y ambiciosa amazona Cleopatra seduce al enano Hans con el fin de obtener su fortuna y poder disfrutarla con su amante, el fornido y bestial Hércules. El plan resulta. Hans abandona a su igualmente diminuta prometida Frieda para casarse con la malvada. En la antológica escena de la fiesta de bodas, la banda de freaks del circo canta en coro: «We accept her! One of us!». Pero Cleopatra, ebria, rechaza con indignación y desprecio el honor de ser «una de ellos», los veja y expulsa, y humilla a su flamante marido. Al que comienza a envenenar esa misma noche. Los freaks se enteran. Y se vengan.

La víctima principal de la venganza fue el propio Browning.

Las funciones de preestreno organizadas por la MGM fueron desastrosas. La crítica fue unánimemente negativa. El público reaccionó con horror y repugnancia, y una mujer denunció que la visión del film le había provocado un aborto. La producción hizo considerables cortes –la versión que hoy se conoce dura dos tercios de la original–, eliminando la visión de lo esencial de la venganza: los freaks rampando sobre los cuerpos de Hércules y Cleopatra, para castrar a uno y mutilar horriblemente a la otra. Pero desechó también escenas de la vida cotidiana de los freaks o de sus espectáculos. Quizá para evitar una peligrosa «normalización».

Caos. Monstruos. Ninguna de estas palabras es utilizada por Acha-Kutscher para su portafolio «Les Spectaculaires», inspirado en diez mujeres que participaron de aquellos sideshows. No hay nada caótico, ni monstruoso, ni extraño en su proyecto. Hay solo serena belleza.

Browning, fascinado por lo raro, trató de atraer la simpatía o la compasión del gran público por sus personajes. Pero el estribillo «one of us» define los límites de sus buenas intenciones. Ellos y nosotros.

Para María María, Ellas son nosotros.

La mirada de la artista y su impecable técnica cambian nuestras visiones sobre estas mujeres al recontextualizarlas. No son más espectáculos de feria, sometidas a nuestra curiosidad. Instaladas en decorados que van del clasicismo ático a la barroca naturaleza, están impregnadas de sosiego, elegancia y dignidad.

El caos ha sido reintegrado en la armonía del universo.

¿Esto es posible porque son mujeres?

Sospecho que sí. Bellas mujeres, con porte de diosas. Y las diosas suelen tener estéticas alternativas.

Acha-Kutscher no oculta el carácter militante –social, feminista– de su producción artística. De hecho, «Les Spectaculaires» forma parte de un proyecto más amplio, «Womankind», que a través de distintas series de fotocollages nos interpela sobre la imagen de la mujer en la era moderna y las múltiples dimensiones de su identidad. Identidad mezclada, mestiza. Como la de la artista. Como la nuestra.

Serendipia. «Un hombre honesto es un hombre mezclado», diría en uno de sus célebres ensayos Montaigne. No es casual que el sabio y tolerante alcalde bordelés haya escrito también: «Lo que nosotros llamamos monstruos no lo son a los ojos de Dios, quien ve en la inmensidad de su obra la infinidad de formas que comprendió en ella. Es de presumir que esta figura que nos sorprende se relacione y comprenda en alguna otra del mismo género desconocida para el hombre. De la infinita sabiduría divina nada emana que no sea bueno, natural y conforme al orden, pero nosotros no vemos la correspondencia y relación (…) Llamamos contra natura lo que va contra la costumbre».

El Dios de Montaigne está, pues, en armonía con las diosas de María María


Carlos Herrera (Arequipa, 1961). Es diplomático y autor de los libros  de cuentos Morgana, Las musas y los muertos y Crueldad del ajedrez, así como de las novelas Blanco y negro, Crónicas del argonauta ciego, Gris y Claridad tan obscura.
María María Acha-Kutscher (Lima, 1968) es artista visual. Ha participado en muestras individuales y colectivas en México y España. Desde 2003 codirige en Madrid el proyecto de arte experimental «Antimuseo». En marzo exhibirá por primera vez su trabajo en Lima, con la muestra «365», en el Centro Cultural Inca Garcilaso de la Vega.