Libro-de-Pi
Reseñas

Vida de Pi

Yann Martel (Salamanca, 1963) ■ Destino (2012) ■ 336 páginas ■ 69 soles


Contar o morir

Novela. Es vegetariano y su nombre proviene del fervor de los suyos por las piscinas. Su familia regenta un zoológico, donde curiosamente las virtudes de cada animal le refuerzan la fe en el género humano. Hasta el día en que Piscine Pattel, el joven indio de nuestra historia, ve hundirse el barco carguero que llevaba a su familia y animales hacia una Canadá habitada de progreso. Y se encuentra de pronto náufrago en un bote junto con una cebra malherida, una hiena siniestra, una orangutana temerosa y, por si fuera poco, un tigre de Bengala. Desde aquel instante, a Pi le tocará sobrevivir, evadiendo el natural reclamo de la cadena alimenticia, y a nosotros acompañarlo en su infortunio, en su pérdida de fe, en la llegada de la locura y en su posterior redención (si la hubiera).

Narrada como una novela de aventuras, el grueso del libro de Martel se concentra en la sobrecogedora tarea de comer y no ser comido, con todas sus implicancias. La impotencia de la lucha personal contra fuerzas largamente superiores. Toda esta sección es sumamente dura, por lo profundo que cala la soledad en Pi: su alma pura empieza a marchitarse, huérfana de esperanza y entendimiento. Solo Richard Parker, el enorme tigre, le dará un motivo para persistir en su lucha, se transforma en el motor de su vida, pero también en la mayor amenaza.

Más importante, sin embargo, me parece el final. Allí reside el corazón del libro de Yann Martel (spoiler alert): Pi sobrevive, pero cuando unos guardias incrédulos le exigen contar de forma más creíble su aventura, los animales abandonan la narración, y son intercambiados por personas. La hiena se convierte en el cocinero, en símbolo de la ambición y glotonería; la orangutana en la madre protectora, a quien el primero da muerte inmisericorde; la cebra, en un marinero, y en víctima de la hiena rapaz. El tigre, el gran Richard Parker, se transforma en el mismo Piscine, su propia amenaza interior, la más terrible.

Así, la historia se torna creíble y el interrogatorio oficial cesa. Pero queda la duda: ¿ocurrió todo aquello? ¿Quiénes acompañaron a Piscine en ese bote? Al brindar una solución verosímil a los guardias, Martel entrega a su personaje la posibilidad de huir del dolor a través de la máscara. La aventura del horror, sea cual sea su perspectiva, se guarda en el cofre de la ilusión contada y se arroja al fondo del mar, donde yacen los restos de hombres animalizados y animales con rostro humano, todos transformados por la Literatura.

Vida de Pi se convierte en una fábula interior. Un salvavidas para no ahogarse en el silencio. La historia evita la extinción, ayuda a luchar contra la muerte cuando no hay más fuerzas para remar, nadar, ni siquiera comer. Contar la tragedia, la profundidad de la soledad, el terror ante la muerte es parte del proceso de recuperación de la vida, de persistencia en el mundo. Vida de Pi es un libro de supervivencia espiritual. La voz interna de Piscine se resiste a ahogarse en las aguas de aquel océano que, como una trampa mortal, ha retenido en su interior la violencia, la sangre y la tragedia.

Finalmente, agrego que Una aventura extraordinaria, la película de Ang Lee, no le ha hecho un favor a Vida de Pi. Por el contrario, sus escenas adormecen el ojo, convierten lo trágico en accesorio. Ha restado valor a la travesía interior de Piscine. Sus cuestionamientos humanos y teológicos se convierten en disquisiciones sobre qué comer, cómo conseguirlo y de qué modo evitar que Richard Parker le hinque el diente. Ya no somos testigos de la lucha que ha convertido el alma de Piscine Pattel en un árido desierto interior rodeado de agua. En suma, el filme no acoge lo que en el libro se revela transparente: el conflicto entre cómo no perder nuestra dignidad ante las situaciones más terribles y cómo la palabra, el contar(nos) historias, así sea solo para escuchar nuestra propia voz y quebrar la soledad, nos puede salvar de la muerte.
Por Johann Page.


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