La colección
Reseñas

La colección

Grecia Cáceres (Lima, 1968) ■ Altazor  (2012) ■ 157 páginas ■ 25 soles


Novela. La cuarta novela de Grecia Cáceres discurre en el Centro de Lima; no en el estridente barrio capital sino en el que podría conservarse en un imaginario mitad nostálgico mitad ficcional. Un escenario histórico en el que un par de familias acomodadas comparten su afición por el arte precolombino.

Enrique es un coleccionista solitario que ha dedicado su vida a lo que considera un tesoro arqueológico nacional. Se trata de un hombre sin responsabilidades ni ambiciones, acomodado a las faldas de una madre sobreprotectora. Por eso, el robo de su colección será también la captura de su alma. Rehén de un enigma doblemente clandestino (la colección es ilegal), Enrique se enfrascará en la búsqueda a ratos impulsiva, a ratos metafísica, de las causas del crimen. Sin embargo, lo que empieza con la inquietud de dar con el culpable, develará insospechados laberintos en torno a la mujer que ama en secreto.

La narración está marcada por cortos pasajes líricos que, por lo general, nos acercan a los sentimientos de los personajes. Como el mar de Lima, el tono poético acompaña la historia, le da ritmo y profundidad. Es un policial clásico en cuanto a la configuración de sus partes (problema, nudo, desenlace) pero con un final ambiguo, reflejo del sutil misterio de sus protagonistas y de las veladas miserias domésticas de quienes se rigen por una – ¿ilusoria?– exigencia social. Poeta y novelista, Cáceres explora una manera de actualizar un pasado que percibe descuidado. En un país donde las instituciones están, muchas veces, ausentes o aletargadas por la burocracia, la autora propone un personaje que se reapropia de su identidad mediante la toma de conciencia de las determinaciones que lo aprisionan.

Huraño y sensible, Enrique es una isla en una sociedad de apariencias. Pero comparte la fetichización de los objetos valiosos, y esa debilidad lo obsesiona hasta olvidarse de sí mismo. Se trata de la reconstrucción de un sujeto a partir de la pérdida, lo que quizá sea más común de lo que pensamos. Cuando el consumo se apropia de todo, y somos esclavos de nuestras posesiones, Cáceres nos pone en jaque: ¿hasta qué punto la identidad, como la libertad, es una ilusión? Por Paloma Reaño.


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